En un país donde la migración interna es casi de la orden del día (todos los años, cuenta la Oficina del Censo unos 37 millones de estadounidenses se mudan de estado), el concepto de hometown está muy arraigado.
Hometown se puede traducir como ciudad hogar, pero más bien es un concepto elástico que viene a significar ciudad donde te sientes en casa. Para un nómada en un país amigo de clasificar las cosas, la situación se vuelve difícil.
Una vez me dijo compañero de trabajo, al comentarle que me iba a Miami unos días, «ah, te vas home». Me quedé un poco boquiabierto porque no considero a Miami una base ni mucho menos. Pasé mis años formativos en la ciudad, cierto, pero de ahí a tenerla como mi home es exagerado. Algo parecido se puede decir de Madrid.
Otro compañero me comentó que si el diario El País me ofreciera un empleo, volvería a home. Me reí y le dije que mi home, hoy por hoy, está en Queens.
Estos sentimientos nada cruzados me vienen cuando visito por unos días a Miami. En apenas 48 horas veo a muchos seres queridos y me monto de vuelta en el avión. Al pisar el AirTrain que me llevará de Kennedy a Jamaica (el barrio de Queens, no la isla), me siento en casa.
Pondría un ingenioso epílogo pero no quiero ser excesivamente redundante. Sabe Dios dónde estaré en cuatro años, pero por ahora mi hogar está en Nueva York, sea en el idioma que sea.
Hometown se puede traducir como ciudad hogar, pero más bien es un concepto elástico que viene a significar ciudad donde te sientes en casa. Para un nómada en un país amigo de clasificar las cosas, la situación se vuelve difícil.
Una vez me dijo compañero de trabajo, al comentarle que me iba a Miami unos días, «ah, te vas home». Me quedé un poco boquiabierto porque no considero a Miami una base ni mucho menos. Pasé mis años formativos en la ciudad, cierto, pero de ahí a tenerla como mi home es exagerado. Algo parecido se puede decir de Madrid.
Otro compañero me comentó que si el diario El País me ofreciera un empleo, volvería a home. Me reí y le dije que mi home, hoy por hoy, está en Queens.
Estos sentimientos nada cruzados me vienen cuando visito por unos días a Miami. En apenas 48 horas veo a muchos seres queridos y me monto de vuelta en el avión. Al pisar el AirTrain que me llevará de Kennedy a Jamaica (el barrio de Queens, no la isla), me siento en casa.
Pondría un ingenioso epílogo pero no quiero ser excesivamente redundante. Sabe Dios dónde estaré en cuatro años, pero por ahora mi hogar está en Nueva York, sea en el idioma que sea.
