El antiguo ferrocarril elevado que atravesó en su día la zona occidental de Manhattan fue convertido en parque hace dos años, y ahora se extiende.
Si la primera fase del parque High Line mostraba amplitud y espacio, la segunda fase (inaugurada el mes pasado) es bastante más íntima. En su totalidad, los 1.600 metros de longitud demuestra una faceta imprescindible de la ciudad.
Aunque de día está repleta de turistas, una hora antes del cierre, a las nueve de la noche, muestra una vista más domesticada, apacible y vacía de la ciudad.
