Sé que últimamente estoy un poquito pesado con los amaneceres, pero bueno, este me encanta. El sábado pasado estuve en uno de mis lugares «secretos» de Manhattan, en el margen izquierdo del río Harlem, bajando la ladera de Washington Heights.El sol salía por el barrio de Highbridge, en el Bronx, y las arcadas del puente de High Bridge, que en realidad es un antiguo acueducto, tienen un brillo especial.
El sitio tiene su magia para mí, en parte por sus contradicciones. Por una parte está concurrido por muchos vehículos, pero al ser un parque tan apartado y con accesos limitados (solo hay dos puntos peatones de llegada, por la 155 y, cuarenta y pico manzanas más al norte, por Dyckman) la soledad se palpa.
El departamento de parques promete que en los próximos dos años el acceso peatonal sobre el puente estará rehabilitado. La vista es de aupa, o sea que merecerá la espera.
