Era el dos de febrero de 1987, día de la Candelaria. En tal fecha, hace hoy 24 años, empecé mi primer trabajo de verdad en una empresa naviera. No era un empleo de lo que se dice fácil o intelectual. Implicaba recibir carga de un sinfín de camiones, contarla, medirla, marcarla y clasificarla...y más o menos así todo el día.
Tenía que aguantar las groserías de los camioneros (no muchas), el calor (enorme) y una humedad tan elevada que cuando llovía lograba que el asfalto transpirara vapor.
En ese entonces había pasado un episodio francamente traumático en España, por culpa mía, y mi amor propio estaba por los suelos. Trabajar así, con metro en ristre arriba y abajo, pensé, era lo que me merecía por mis muchos pecados. Las primeras semanas tenía que dormir con las piernas elevadas porque no estaba acostumbrado a estar de pie todo el santo día y mucho menos a andar tanto. Llegaba a casa cubierto de tizne, sudado y hecho un zarrapastroso.
Lo miro con nostalgia porque el trabajo me encantaba y me demostré a mí mismo que servía para algo, aunque fuera muy poco. La vida, poco a poco, me ha ido regalando cosas, y hoy me ha dado un regalo gigantesco. Me acaban de nombrar Subeditor gerente de todos los esfuerzos electrónicos de Newsday, tras dos años como director de la web y uno como subdirector.
Cuando los generales victoriosos celebrababan sus triunfos en Roma, la persona que sujetaba los laureles le soplaba al oído «No eres un dios» para bajarles un poco la espuma. No tengo a nadie que me sujete los laureles (de hecho, ni laureles) pero sí tengo la imagen de un chico muy esbelto y joven, con una cinta métrica reposada sobre su cinturón, que me dice que algo, no mucho, sí que valgo.
No he llegado aquí por mi cuenta, y la lista de personas a quien les debo un montón por su apoyo es interminable. Pero por lo menos lo alcanzo sin deuda alguna con mi nombre y apellidos.
Esto va a sonar muy mal y puede que se me malinterprete, pero al asumirlo por fin, me vino a la cabeza el versículo 23 del salmo 118. No porque piense que me lo merezca con creces, sino todo lo contrario: me es imposible interpretarlo sin considerar el Deus ex machina. Defecto mío.
Y para los curiosos, he aquí el texto del salmo.
Tenía que aguantar las groserías de los camioneros (no muchas), el calor (enorme) y una humedad tan elevada que cuando llovía lograba que el asfalto transpirara vapor.
En ese entonces había pasado un episodio francamente traumático en España, por culpa mía, y mi amor propio estaba por los suelos. Trabajar así, con metro en ristre arriba y abajo, pensé, era lo que me merecía por mis muchos pecados. Las primeras semanas tenía que dormir con las piernas elevadas porque no estaba acostumbrado a estar de pie todo el santo día y mucho menos a andar tanto. Llegaba a casa cubierto de tizne, sudado y hecho un zarrapastroso.
Lo miro con nostalgia porque el trabajo me encantaba y me demostré a mí mismo que servía para algo, aunque fuera muy poco. La vida, poco a poco, me ha ido regalando cosas, y hoy me ha dado un regalo gigantesco. Me acaban de nombrar Subeditor gerente de todos los esfuerzos electrónicos de Newsday, tras dos años como director de la web y uno como subdirector.
Cuando los generales victoriosos celebrababan sus triunfos en Roma, la persona que sujetaba los laureles le soplaba al oído «No eres un dios» para bajarles un poco la espuma. No tengo a nadie que me sujete los laureles (de hecho, ni laureles) pero sí tengo la imagen de un chico muy esbelto y joven, con una cinta métrica reposada sobre su cinturón, que me dice que algo, no mucho, sí que valgo.
No he llegado aquí por mi cuenta, y la lista de personas a quien les debo un montón por su apoyo es interminable. Pero por lo menos lo alcanzo sin deuda alguna con mi nombre y apellidos.
Esto va a sonar muy mal y puede que se me malinterprete, pero al asumirlo por fin, me vino a la cabeza el versículo 23 del salmo 118. No porque piense que me lo merezca con creces, sino todo lo contrario: me es imposible interpretarlo sin considerar el Deus ex machina. Defecto mío.
Y para los curiosos, he aquí el texto del salmo.

Comentarios ( 6)
Déjate de supersticiones, esto te lo has ganado a pulso tú solito. O sea que enhorabuena.
Por Peter | 2 de Febrero 2011 a las 10:12 PM
Muchísimas felicidades Emilio.
El que reconozcas el apoyo de los demás para que hayas logrado llegar a este sitio, habla muy bien de ti.
Sigue así, con dedicación, esfuerzo, humildad y sobre todo, sin olvidar agradecer a quienes te apoyan.
Nuevamente:
¡¡¡¡F E L I C I D A D E S!!!!
Por Manuel | 2 de Febrero 2011 a las 11:56 PM
"Amigo" blogero, he leido este comentario y, si por una parte parece razonable tu alegria por tu más que merecido ascenso laboral, por otra, provoca una sonrojante hilaridad el que te compares con los Dioses del Olimpo, vamos, que cualquiera diría que te han elegido para sustituir a STEVE JOBS.
Vanidad de vanidades; Todo es vanidad. Todo vacío y tedio. Todo punzante insatisfación.
Por javier | 6 de Febrero 2011 a las 04:32 AM
Gracias por los buenos comentarios. En cuanto a la envidia, no solo si fuera tiña, sino que como siempre tiñe las realidades ajenas. El día que me compare con Steve Jobs será el día que merezca un manicomio. Pero ya ves, es imposible evitar que la cabra tire para el monte y emane su mala leche. Pobrecito, debe ser angustioso vivir así.
Más angustioso aún debe ser desear mal a alguien, como has hecho con tus plomizos augurios a lo largo de los años y ver que pese a tus peores deseos, prospera. Debe ser intolerable para la bilis. Pobrecito; en Condesa de Venadito, cerca de tu trabajo, hay muchos bares, quizá debas ejercitar ahí el exceso de hiel.
Por Emilio | 8 de Febrero 2011 a las 06:07 AM
Felicitaciones Emilio !
Merecido.
Por andrea | 13 de Febrero 2011 a las 12:19 PM
Muchas felicidades, Emilio.
Me alegro de tus éxitos. Sigue adelante!
Por Miguel Ángel Aza | 14 de Febrero 2011 a las 11:50 AM