Hace 25 años en el metro de Madrid había un pordiosero que se dio a la fama por decir «estoy pasando mucha hambre, mucha calamidad». A juzgar por su acento, era portugués y en varias tertulias nos burlamos de su forma de hablar, sobre todo de cómo pronunciaba la palabra calamidad.
En Nueva York con la crisis no he visto tantos pobres pidiendo como los hubo (y supongo que seguirán en cierta medida) en Madrid. El Times le dedicó un artículo a los grupos musicales mexicanos que cada vez pululan más por el metro. Uno de los entrevistados calcula que hay 15 bandas musicales que tocan música norteña en todo el sistema.
Tienen varios trucos para evitar la indeseada multa de la policía de transporte público, principalmente limitarse a tocar al norte de Manhattan. La infracción puede costarles 75 dólares o una noche en el calabozo. Como dice Luis Tigre en la entrevista, «mis hijos tienen que comer algo, yo tengo que comer algo».
En la crónica cuentan que evitan también tocar después de las 2 de la tarde, cuando el metro se llena de estudiantes que, según Tigre, no dudan en meterse y burlarse de los músicos. La pieza no tiene desperdicio.
En Nueva York con la crisis no he visto tantos pobres pidiendo como los hubo (y supongo que seguirán en cierta medida) en Madrid. El Times le dedicó un artículo a los grupos musicales mexicanos que cada vez pululan más por el metro. Uno de los entrevistados calcula que hay 15 bandas musicales que tocan música norteña en todo el sistema.
Tienen varios trucos para evitar la indeseada multa de la policía de transporte público, principalmente limitarse a tocar al norte de Manhattan. La infracción puede costarles 75 dólares o una noche en el calabozo. Como dice Luis Tigre en la entrevista, «mis hijos tienen que comer algo, yo tengo que comer algo».
En la crónica cuentan que evitan también tocar después de las 2 de la tarde, cuando el metro se llena de estudiantes que, según Tigre, no dudan en meterse y burlarse de los músicos. La pieza no tiene desperdicio.

Comentarios ( 2)
Parece que es el sino de los tiempos, los desesperados conviviendo con los afortunados ( los que tienen vivienda y techo ) lo inquietante es que nadie se salva de la posibilidad de acabar en el lado malo. La ruleta de la fortuna, quiebra la empresa y estas en la calle sin comerlo ni beberlo.
Por javier | 17 de Febrero 2011 a las 12:00 PM
En el metro de Buenos Aires es moneda corriente. Lo mismo en los trenes suburbanos(cercanías)...Por lo general la mayoría son bolivianos.
Salvo un trío de percusión y saxo el resto es olvidable
Por Jotaele | 20 de Febrero 2011 a las 05:00 PM