The King's Speech, dirigida por Tom Hooper, tiene bastante papeletas para ganarse el Óscar a mejor película.
Su producción, pulcra como era de esperarse, combina lo mejor de los prejuicios hollywoodenses: anglofilia desbocada, pasión por dar el Óscar a cualquier producción que ensalce al menos favorecido, y en este caso particular, dar el galardón a Colin Firth, que el año pasado fue obviado por A Single Man.
La predilección de la academia por el menos favorecido es larga y tendida, y de hecho escribí algo al respecto hace nada menos que 12 años.
La temática de la redención es casi irresistible a la hora de votar, y ejemplos hay muchos: Slumdog Millionnaire, Million Dollar Baby, A Beautiful Mind, Gladiator, Braveheart, Dances With Wolves, etc..
Aquí viene traído por los pelos, históricamente hablando, porque lo que The King's Speech tiene de pulcra técnica lo tiene también de inexactitud.
Jorge VI era, como buen descendiente de Victoria, germanófilo y favorecía la negociación con Hitler. De hecho, su apego por el negociador de Chamerlain fue absoluto, aún cuando Alemania se tragaba países como si fueran chocolatinas. Decir que era la fuerza moral detrás de la voluntad popular británica es una exageración, pues precisamente todo el mundo sabía que su monarca no era elocuente. Decir que el tartamudeo del monarca era un problema de estado es sobredimensionar su situación personal. Cierto, en comparación con ese león de la oratoria que era Churchil, el gagueo no se oía nada bien. Pero de ahí a ser un impedimento mayor...
Además, la imagen de Winston Churchill como campeón del príncipe antes de la abdicación de su hermano, es completamente errónea. Churchill defendió a capa y espada y hasta el final al criptnazi de Eduardo VIII y su romance con Wallis-Simpson. Churchill afirmó en el parlamento que Eduardo VIII «brillará en la historia como el soberano más valiente y amado de todos los que hayan ceñido la corona de la isla».
Estos detalles quizá parezcan nimios pero no lo son. Los productores se esforzaron mucho en imitar el vestuario de la futura reina pero casi nada en ser totalmente fieles a la verdad política.
Por lo demás, se deja ver. Es más cine cine que The Social Network, y de hecho su verdadera competencia es True Grit, donde los hermanos Coen vuelven al Oeste.
Mi favorita este año apenas ha sido mencionada. Blue Valentine tiene dos actores de primera (Ryan Gosling y Michelle Williams) y ambos abordane el siempre difícil tema del desamor. Pese a los cambios en la narrativa, es todo un tour de force de ambos actores.
Su producción, pulcra como era de esperarse, combina lo mejor de los prejuicios hollywoodenses: anglofilia desbocada, pasión por dar el Óscar a cualquier producción que ensalce al menos favorecido, y en este caso particular, dar el galardón a Colin Firth, que el año pasado fue obviado por A Single Man.
La predilección de la academia por el menos favorecido es larga y tendida, y de hecho escribí algo al respecto hace nada menos que 12 años.
La temática de la redención es casi irresistible a la hora de votar, y ejemplos hay muchos: Slumdog Millionnaire, Million Dollar Baby, A Beautiful Mind, Gladiator, Braveheart, Dances With Wolves, etc..
Aquí viene traído por los pelos, históricamente hablando, porque lo que The King's Speech tiene de pulcra técnica lo tiene también de inexactitud.
Jorge VI era, como buen descendiente de Victoria, germanófilo y favorecía la negociación con Hitler. De hecho, su apego por el negociador de Chamerlain fue absoluto, aún cuando Alemania se tragaba países como si fueran chocolatinas. Decir que era la fuerza moral detrás de la voluntad popular británica es una exageración, pues precisamente todo el mundo sabía que su monarca no era elocuente. Decir que el tartamudeo del monarca era un problema de estado es sobredimensionar su situación personal. Cierto, en comparación con ese león de la oratoria que era Churchil, el gagueo no se oía nada bien. Pero de ahí a ser un impedimento mayor...
Además, la imagen de Winston Churchill como campeón del príncipe antes de la abdicación de su hermano, es completamente errónea. Churchill defendió a capa y espada y hasta el final al criptnazi de Eduardo VIII y su romance con Wallis-Simpson. Churchill afirmó en el parlamento que Eduardo VIII «brillará en la historia como el soberano más valiente y amado de todos los que hayan ceñido la corona de la isla».
Estos detalles quizá parezcan nimios pero no lo son. Los productores se esforzaron mucho en imitar el vestuario de la futura reina pero casi nada en ser totalmente fieles a la verdad política.
Por lo demás, se deja ver. Es más cine cine que The Social Network, y de hecho su verdadera competencia es True Grit, donde los hermanos Coen vuelven al Oeste.
Mi favorita este año apenas ha sido mencionada. Blue Valentine tiene dos actores de primera (Ryan Gosling y Michelle Williams) y ambos abordane el siempre difícil tema del desamor. Pese a los cambios en la narrativa, es todo un tour de force de ambos actores.
