Fue, repito, un momento sublime. De repente casi dejó de nevar, entré a Central Park y al poco salió el sol. Ver todas las ramas cargadas de nieve fue algo mágico, de lo que nunca me aburro. Las cuatro estaciones en Nueva York tienen sus momentos especiales.
Es cierto, pueden ser extremas, pero como la vida misma, todo viene a su hora.
Y más cierto aún que no sé andar por la nieve. Le cedí el paso a un fotógrafo en el Mall, y gracias a ello me torcí el tobillo. Una hora más tarde, al descender por uno de los muchos senderos revestidos de nieve del parque, resbalé y me caí de culo. En fin, toda rosa tiene sus espinas, y mi torpeza salió a relucir en este caso.
En este vídeo pongo a una señora (empleada del consorcio que administra el parque) que, a los minutos de dejar de nevar, ya estaba abriendo un sendero con su pala en la estatua del ángel de Betesda. Impresionante en muchos sentidos.
Es cierto, pueden ser extremas, pero como la vida misma, todo viene a su hora.
Y más cierto aún que no sé andar por la nieve. Le cedí el paso a un fotógrafo en el Mall, y gracias a ello me torcí el tobillo. Una hora más tarde, al descender por uno de los muchos senderos revestidos de nieve del parque, resbalé y me caí de culo. En fin, toda rosa tiene sus espinas, y mi torpeza salió a relucir en este caso.
En este vídeo pongo a una señora (empleada del consorcio que administra el parque) que, a los minutos de dejar de nevar, ya estaba abriendo un sendero con su pala en la estatua del ángel de Betesda. Impresionante en muchos sentidos.
