Hace varios años, cuando daba clases de inglés en lugares remotos de la geografía urbana madrileña, me di cuenta que era muy fácil ser tacaño. «No te gastes esas mil pesetas», me decía, «son las que ganaste cuando dabas esa clase en el Polígono Industrial de Polvoranca».
A la inversa, también me di cuenta que ciertas acciones de supuesto ahorro también tienen un precio. Por ejemplo, soy capaz de cambiarle el aceite a mi coche, lo he hecho en numerosas ocasiones, pero prefiero gastarme 10 dólares más para que alguien lo haga por mí.
Esos 10 dólares son un precio aceptable para mantener mi comodidad. En estos días mi comodidad se vende cara y me da casi patatús un patatús quién hace las colas hoy para conseguir las gangas de los grandes almacenes.
El centro comercial de Roosevelt Field, en Long Island, abrió sus puertas hoy a las 2 de la madrugada. El gigantesco aparcamiento del lugar estaba lleno en un 80 por ciento a las 5 de la mañana. Es indudable que esas personas consiguieron artículos de segunda necesidad a precioso irrisorios, pero no se dan cuenta que el sacrificio y la paliza de madrugar también tiene un precio. Que no sea cuantificable en moneda corriente no quiere decir que no les haya costado algo.
Yo en el fondo soy muy tacaño para estas cosas y además, no creo en Mitra, cuyo natalicio se celebra precisamente el 25 de diciembre.
A la inversa, también me di cuenta que ciertas acciones de supuesto ahorro también tienen un precio. Por ejemplo, soy capaz de cambiarle el aceite a mi coche, lo he hecho en numerosas ocasiones, pero prefiero gastarme 10 dólares más para que alguien lo haga por mí.
Esos 10 dólares son un precio aceptable para mantener mi comodidad. En estos días mi comodidad se vende cara y me da casi patatús un patatús quién hace las colas hoy para conseguir las gangas de los grandes almacenes.
El centro comercial de Roosevelt Field, en Long Island, abrió sus puertas hoy a las 2 de la madrugada. El gigantesco aparcamiento del lugar estaba lleno en un 80 por ciento a las 5 de la mañana. Es indudable que esas personas consiguieron artículos de segunda necesidad a precioso irrisorios, pero no se dan cuenta que el sacrificio y la paliza de madrugar también tiene un precio. Que no sea cuantificable en moneda corriente no quiere decir que no les haya costado algo.
Yo en el fondo soy muy tacaño para estas cosas y además, no creo en Mitra, cuyo natalicio se celebra precisamente el 25 de diciembre.

Comentarios ( 2)
Estas hecho todo un Spinoza, si todos los días te levantas a las 5 para ir al "curro", trasnochar hasta las 2 para comprar las cosas a mitad de precio no supone ningún esfuerzo sino una satisfacción en toda regla.
Por cierto lo de cambiar el aceite a 10 dólares ( 7€)no será una broma, aquí por ese precio no te limpian ni los cristales, de 50€ en adelante, y lo de echar tu el aceite habría que verlo, porque que yo sepa primero hay que extraer el usado
Por javier | 27 de Noviembre 2010 a las 03:48 AM
Javier, Javier, por tu afán de llevar la contraria lees tan rápido que te comes palabras.
Primero,en lo que a mi persona se refiere, he cambiado muchas veces el aceite y sé perfectamente que el viejo se recicla. Para eso está el balde. Luego, cuando has vertido el nuevo, utilizas los envases vacíos para trasvasar el aceite viejo del balde. De ahí a cualquier taller, que están obligados a aceptarlo. Lo he hecho numerosas veces, te lo aseguro, y es tan engorroso que no merece la pena.
En Nueva York, ciudad que te jactas de no conocer, muchos cambios de aceite (sin engrasado, eso sí) te cobran 19 dólares. Si el aceite y la palangana te cuestan 8-10 dólares, como verás compensa más que te lo hagan.
Para lo demás se ve que no conoces los apiñamientos de las compras matutinas, por lo que te mando esta margarita. Estoy seguro que rectificarás inmediatamente, como siempre lo haces, con humildad y reconociendo que por lo general hablas por hablar con tal de llevar la contraria.
http://www.youtube.com/watch?v=DW0ejy6Pno0&feature=player_embedded
Por Emilio
|
30 de Noviembre 2010 a las 03:53 PM