
Mi ex suegra me preguntaba hace unos días que por qué no salía ya a hacer esos largos viajes que solía hacer. La primera razón es presupuestaria, pero la segunda y casi principal es que en Nueva York salgo a pasear todos los fines de semana, y aunque ya llevo haciéndolo de manera semirreligiosa desde hace dos años y pico, a veces me topo con verdaderas maravillas.
La semana pasada encontré los parques y el pasillo verde del oriente de Queens, y ayer repetí un poco el trayecto, desviándome para encontrar la ruta de la foto de arriba. Son momentos sobrecogedores, los que te animan a seguir andando, a descubrir aún más.
Es cierto, muchos paseos los repito porque me encanta (sobre todos los asociados con los malecones de la ciudad), pero sé que aún me queda por conocer bastante.
No sé si es sucedáneo de unas vacaciones, pero sí que en estos paseos me desconecto. Son terapéuticos a su manera. Y eso vale mucho más que el trajín de viajar grandes distancias. Cuando me canso o anochece, me monto en autobús y enseguida estoy en casita.
El la foto, el camino peatonal Long Island Motor Parkway en su paso por debajo del Grand Central Parkway, en Queens. Tomada el sábado, 20 de noviembre por un servidor.

Comentarios ( 2)
Al margen de la belleza de los sitios, perecen lugares apartados e inquietantes, en donde te podría asaltar fácilmente, y espero no ser ave de mal agüero.
Por javier | 22 de Noviembre 2010 a las 11:20 AM
Me encanta cómo proyectas, pero tranquilo, no es Madrid, donde puede salir un chorizo de la oscuridad.
Por otra parte, muchas peores cosas me has vaticinado, Javier, y no se han cumplido.
Por Emilio | 22 de Noviembre 2010 a las 07:26 PM