
A principios de los años 60, Robert Moses era el rey de las infraestructuras de Nueva York. Entre los muchos cargos en su haber estaban serdirector de carreteras municipales, el encargado de varias entidades autónomas de puentes y túneles, director de vivienda pública y director de parques. En una burocracia inmóvil, Moses lograba resultados, generalmente conflictivos y unilaterales.
Uno de los proyectos claves fue gestionar la Feria Mundial de 1964-65, en la que prometió muchas cosas a Nueva York a cambio de hacer una exposición pirata, ya que no fue reconocida como tal por el congreso regulador.
Entre lo prometido fue un gigantesco parque continuo que abrazaría toda la zona noreste de Queens hasta el límite municipal. Debido a que la feria tuvo pérdidas, los sueños de Moses se quedaron en quimera.
Pero existe un pasillo, a veces esculpido entre manzanas urbanizadas, que es un esqueleto de lo que podría haber sido. Si se empieza por el parque Flushing Meadows- Corona y se sigue el sendero, se pueden recorrer 22 kilómetros verdes. Eso sí, hay que cruzar calles y en varios tramos está tirado por los pelos. Pero existir, existe. Lástima que se haya quedado en proyecto.
En la foto, la zona central de los parques de Queens, el lago Kissena en el precioso parque del mismo nombre.
