Cada vez que alguien exclama admiración (u horror) al preguntarme cuánto he andado en un día particular, respondo con la máxima favorita de un rey aragonés: «Quien algo quiere, algo le cuesta». Ayer no fue excepción. Tenía tres desventajas: debido a visitas familiares y a enfermedad, no había andado casi nada en varias semanas. El frío ha empezado (el mercurio rozaba los 10 grados cuando salí de casa) y los días son cada vez más cortos, mal asunto si quieres recorrer mucha distancia.
Como siempre me pasa en mis largos trayectos, en un par de ocasiones me planteé rajarme. Pero para quien los 43,7 kilómetros que me pateé ayer fueron excesivos, contesto que estar metido en una oficina de lunes a viernes sin salir mucho es de por sí excesivo. Soltar un poco el cuerpo a paso lento es más bien una prueba de que no estoy repanchingado en un sillón. Y, de paso, que sigo conociendo un poco más de esta ciudad y sus alrededores.
Y sí, cuesta. A veces las tentaciones de volver a casa son muy grandes, el cansancio te invade cuando has alcanzado los 20 kilómetros a pasadas las once de la mañana, pero sigues. Te empujas. Algo cuesta, pero merece la pena. Se lo digo a las agujetas, a ver si las convenzo.
Por cierto, ayer rompí la barrera de los mil kilómetros andados en 2010, ocho días antes que cuando la rompí el año pasado. En 2009, apenas recorrí 150 kilómetros en noviembre y diciembre. Este año me propongo hacerme 250 kms. en esos dos meses. A ver qué pasa.
Como siempre me pasa en mis largos trayectos, en un par de ocasiones me planteé rajarme. Pero para quien los 43,7 kilómetros que me pateé ayer fueron excesivos, contesto que estar metido en una oficina de lunes a viernes sin salir mucho es de por sí excesivo. Soltar un poco el cuerpo a paso lento es más bien una prueba de que no estoy repanchingado en un sillón. Y, de paso, que sigo conociendo un poco más de esta ciudad y sus alrededores.
Y sí, cuesta. A veces las tentaciones de volver a casa son muy grandes, el cansancio te invade cuando has alcanzado los 20 kilómetros a pasadas las once de la mañana, pero sigues. Te empujas. Algo cuesta, pero merece la pena. Se lo digo a las agujetas, a ver si las convenzo.
Por cierto, ayer rompí la barrera de los mil kilómetros andados en 2010, ocho días antes que cuando la rompí el año pasado. En 2009, apenas recorrí 150 kilómetros en noviembre y diciembre. Este año me propongo hacerme 250 kms. en esos dos meses. A ver qué pasa.

Comentarios ( 1)
Yo soy de los que siento estupefacción, me parece increíble que para ser un no deportista puedas aguantar tanto, entiendo que al principio de un paseo matinal se sienta euforia, pero 7 u 8 horas después deber ser una tortura. Esta claro que la dosificación no va contigo
Por javier | 19 de Octubre 2010 a las 08:48 AM