A principios del siglo XIX, las calles de Manhattan fueron planificadas en cuadrícula, y por lo general se ha mantenido hasta hoy. Una excepción es en sus laderas occidentales que miran a Nueva Jersey, donde lo rectilíneo no puede domar el fiordo del Hudson.
Un siglo más tarde, las autoridades se dieron cuenta que contra las cuestas no valían las calles rectas, y diseñaron Riverside Drive, que acaricia las cuestas en un simpático subibaja. En su acera derecha se levantan mansiones, imponentes casas y edificios de alcurnia.
Aunque como todo en Manhattan, pierde su esplendor cuanto más al norte va, pero no su encanto. Los edificios son más modestos pero saben que pertenecen a una vía majestuosa, donde el nombre a veces prima por encima del barrio. En lo que arquitectura y encanto natural, es un paseo imprescindible.

Comentarios ( 1)
que lindo paseo Emilio,
como siempre.
saludos
Por andrea fernández | 23 de Septiembre 2010 a las 11:29 AM