Son casi las ocho de la tarde y el sol se está poniendo sobre Nueva York. Apuro unos pasos más en Amsterdam Avenue para fotografiar la antigua comisaría de la 151, una maravilla de la arquitectura francesa con buhardillas espectaculares.
Veo que hay un espacio entre dos coches para hacer la toma, y no dudo en cruzar desde la acera. Pero no me fijo en que hay una pequeña separación para el césped entre el bordillo y la acera, con una valla de unos 15 centímetros de altura.
Tropiezo y me caigo de bruces. Me hice un poco de sangre pero nada más. Cuando era niño todos los fines de semana me pegaba mis porrazos, y la mercromina, agua oxigenada, las tiritas y los polvos de azov se hicieron compañeros inseparables.
Las hematomas han venido después, y después el cuerpo que me recuerda que 42 años no pasan el balde. Me ha costado un poco más recuperarme esta vez, me tengo que fijar un poco más.
Veo que hay un espacio entre dos coches para hacer la toma, y no dudo en cruzar desde la acera. Pero no me fijo en que hay una pequeña separación para el césped entre el bordillo y la acera, con una valla de unos 15 centímetros de altura.
Tropiezo y me caigo de bruces. Me hice un poco de sangre pero nada más. Cuando era niño todos los fines de semana me pegaba mis porrazos, y la mercromina, agua oxigenada, las tiritas y los polvos de azov se hicieron compañeros inseparables.
Las hematomas han venido después, y después el cuerpo que me recuerda que 42 años no pasan el balde. Me ha costado un poco más recuperarme esta vez, me tengo que fijar un poco más.

Comentarios ( 1)
Todo sea por el arte
Por javier | 15 de Julio 2010 a las 09:03 AM