El verano pasado me di cuenta que cuando salgo a pasear y hace calor, me sale una urticaria en los tobillos si llevo calcetines. Cuanto más largo sea el trayecto y más calor haga, la irritación crece. La única prevención es llevar calcetines cortos, de los que apenas te cubren el talón.
Esto nunca me había pasado (y vivir en Miami 25 años me expuso a todo tipo de combinaciones) y como se volvió a manifestar hace poco cuando se reasomaron los calores, decidí consultar con un alergólogo.
Cuando hice la cita pensé que me harían una prueba de altura, empleando la última tecnología. Craso error.
Se me acerca la enferma con una bandejita con 84 extractos alergénicos distintos. Se tienen que aplicar con su correspondiente pinchacito en el brazo. Suspiro. Esto se ha convertido en un ejercicio sadomasoquista.
La enfermera marca con un rotulador los 84 puntitos donde va a proceder a pincharme, y manos a la obra. O mejor dicho, brazos.
La susodicha me pincha metódicamente, a veces sangro, a veces no. Tengo que echar mano a una meditación zen. Yo, que le tengo pánico a las agujas e inyecciones, he de soportarlo. Al concluir esta acupuntura heavy, la enfermera me pide que ni me mueva ni me sople por un cuarto de hora. Ay, San Sebastián Mártir, ya te entiendo un poco más.
De los 84 extractos, sólo uno manifiesta una reacción. Bueno, me digo, por lo menos ya sabré a qué soy alérgico. La alergóloga me dice que era el extracto base, el que irrita a todos independientemente si tienen alergias o no.
La doctora me dice que me puedo someter a una prueba subcutánea si quiero intentar diagnosticar el asunto.
- ¿Y qué hago con los tobillos cuando se me irriten?
- Pues póngase calcetines cortos.
Ah.
Esto nunca me había pasado (y vivir en Miami 25 años me expuso a todo tipo de combinaciones) y como se volvió a manifestar hace poco cuando se reasomaron los calores, decidí consultar con un alergólogo.
Cuando hice la cita pensé que me harían una prueba de altura, empleando la última tecnología. Craso error.
Se me acerca la enferma con una bandejita con 84 extractos alergénicos distintos. Se tienen que aplicar con su correspondiente pinchacito en el brazo. Suspiro. Esto se ha convertido en un ejercicio sadomasoquista.
La enfermera marca con un rotulador los 84 puntitos donde va a proceder a pincharme, y manos a la obra. O mejor dicho, brazos.
La susodicha me pincha metódicamente, a veces sangro, a veces no. Tengo que echar mano a una meditación zen. Yo, que le tengo pánico a las agujas e inyecciones, he de soportarlo. Al concluir esta acupuntura heavy, la enfermera me pide que ni me mueva ni me sople por un cuarto de hora. Ay, San Sebastián Mártir, ya te entiendo un poco más.
De los 84 extractos, sólo uno manifiesta una reacción. Bueno, me digo, por lo menos ya sabré a qué soy alérgico. La alergóloga me dice que era el extracto base, el que irrita a todos independientemente si tienen alergias o no.
La doctora me dice que me puedo someter a una prueba subcutánea si quiero intentar diagnosticar el asunto.
- ¿Y qué hago con los tobillos cuando se me irriten?
- Pues póngase calcetines cortos.
Ah.

Comentarios ( 2)
Desopilante,
que bien narrado
Por Andrea | 23 de Abril 2010 a las 07:35 PM
Saber que no eres alérgico a 84 "extractos " no está mal, el problema son las alergias a las personas, esas son incurables
Por javier | 25 de Abril 2010 a las 06:20 AM