Con
tanto revuelo sobre el caso de Roman Polanski, detenido en Suiza mientras es extraditado a EE.UU. en relación a la
violación y seducción de una menor en 1977, cabe hacer un apunte.
Aunque
se equivocó de manera vil al drogar y cepillarse a una niña de 13 años, ese no
es su mayor error. Tampoco lo fue darse a la fuga, una vez que se declaró
culpable. Ni mucho menos creer que está por encima de la ley internacional
durante 32 años.
Y ni
hablemos de mencionar el sórdido episodio en sus memorias atribuyéndolo a un
hecho consensual. No, el peor error de Roman Polanski es no haberse metido a
cura y haberlo hecho. Las cifras demuestran que la impunidad penal en los casos
de abuso sexual por parte de la curia católica supera el 95 por ciento.
De
haber realizado dicho acto en ese entonces, amparado por el alzacuellos,
Polanski no tendría problema. La jerarquía lo hubiera Escondido y trasladado,
la familia acallado y colorín colorado.
Dicho
todo esto, cualquier defensa de los actos ruines que realizó este hombre me
parece irresponsable. Tenía 44 años, se declaró culpable y ahora sale con una
cantaleta para destilar su delito y posterior fuga. Que se responsabilice de
sus obras. Vaya a la cárcel, que está llena de grandes historias. Quizá hasta
pueda hacer un casting con las numerosas estrellas de cine que pasan por sus
muros
