El 6 de noviembre de 1894, los ciudadanos de varias zonas asistieron a una consulta electoral para consolidar todos los municipios en uno solo, creando así el actual municipio de Nueva York.
Aunque algunos distritos al norte del Bronx optaron por no participar y otros aprobaron la consolidación por los pelos (en Brooklyn apenas prosperó con menos de una décima porcentual de diferencia), el distrito de Staten Island dio el sí a la unificación con casi el 80 por ciento del voto.
Al ver el mapa, la motivación de los ciudadanos de Staten Island está clara: La isla de 151 kilómetros cuadrados se hubiera quedado aislada del resto del estado, Además, Nueva York traería numerosas riquezas a la isla, pensarían sus 50.000 habitantes.
Durante varios años acertaron. En los numerosos cerros de Staten Island, los que miran a Manhattan y Brooklyn, se erigieron suntuosas mansiones y el trayecto en ferry hasta la ciudad parecía un paseo. Pero poco a poco la terca geografía, los 6 kilómetros de bahía que separan a Staten Island de la punta sur de Manhattan, se impuso.
Entre la isla de Manhattan y el resto de los distritos que componen Nueva York existen 16 puentes y 13 líneas de metro. Si no se cuenta el puente de Verrazano, cuyo peaje alcanza los astronómicos 11 dólares, entre Staten Island y el resto de la ciudad sólo hay un ferry de 25 minutos. Quizá la imagen de Melanie Griffith como ambiciosa pasajera pueda resultar magnética para los turistas, pero tan solo me imagino el tedio de tenerme que montar a diario y enfrentarme a las picadas aguas de la bahía y ya me pongo mal.
Staten Island, cada vez más rural y suburbana, se quedó relegada. Su edificio más alto apenas tiene 20 plantas. Actualmente cuenta con el 5 por ciento de la población de la ciudad y está dividida en dos: poblaciones suburbanas y nuevos inmigrantes. Es normal ver que al bajar por las calles que contienen las mansiones, viviendas dilapidadas.
Aunque he paseado por las zonas más peligrosas de la ciudad (East New York, Melrose, Brownsville), el otro día me entró verdadero miedo en un callejón de Port Richmond.
Pero la luz al final del túnel es que debido a que fue relegada, Staten Island contiene una colección importante de casas al estilo victoriano, dos conjuntos históricos que son verdaderas joyas (Sailor's Snug Harbor y Richmondtown) y la única residencia del arquitecto Frank Lloyd Wright en el término municipal de Nueva York. Debido a su baja densidad demográfica, tiene los únicos parques de gran superficie verdaderamente silvestres de la ciudad.
