Me topé con China cuando fotografiaba varias casas en Westervelt Avenue, en Staten Island. Eran las ocho menos cuarto de la mañana, y ya la ebria mujer me imploraba que le fotografiara. Al parecer le resultaba incómodo que sacara fotos a las casas de estilo neogriego.
Metido en el ajo Westervelt se convirtió en una especie de pasarela improvisada. China hacía poses algo pornográficas e insistía en ver el producto. Entre foto y foto me cuenta que esa mañana cumplía años y confirma, efectivamente, que está borracha.
Trabaja en un asilo de ancianos pero lleva varios días de juerga. Asegura que pese a la beodez y una marcada cicatriz en su mejilla izquierda, es una mujer guapa y sexy. Por gestos e insinuaciones no se queda corta.
Metido en el ajo Westervelt se convirtió en una especie de pasarela improvisada. China hacía poses algo pornográficas e insistía en ver el producto. Entre foto y foto me cuenta que esa mañana cumplía años y confirma, efectivamente, que está borracha.
Trabaja en un asilo de ancianos pero lleva varios días de juerga. Asegura que pese a la beodez y una marcada cicatriz en su mejilla izquierda, es una mujer guapa y sexy. Por gestos e insinuaciones no se queda corta.
