Como cada vez combino más distancia y fotografía, es casi normal que tenga más percances. En el Bronx me han increpado propietarios, al igual que en Queens. En Brooklyn una guardia de seguridad me instó a no sacar fotos de la fachada de un banco. Y el sábado en Staten Island un guardia penitenciario insinuó que me iba a detener.Entiendo sus inquietudes, pero son personas que desconocen la ley municipal y nacional, que básicamente señala que fuera de tu domicilio, lugar lectivo o profesional, no hay expectativa de privacidad o seguridad.
Claro, hay excepciones (Randalls y Ward Island son un buen ejemplo), y uno siempre intenta pedir permiso antes de fotografiar. Pero por lo general, la ley está de parte del fotógrafo.
Eso no implica que los agentedes del orden hagan todo lo posible, y en Nueva York existe una miniguerra entre policías y fotógrafos. Nos toca a los últimos ser sus educadores, si es que estos primeros se dejan. A veces no.
El sábado pasado pasaba por delante del centro de detención de Arthur Kill, y aunque estaba en la acera de enfrente, decidí sacarle un par de fotos. Este guardia me increpó y pidió que cruzara la calle para hablar con él (no se dignó a bajarse de su camioneta).
Me dijo que fotografiar cárceles estaba prohibido e insinuó que me podía detener. En estos momentos sabes que es un farol y abuso de autoridad de su parte, pero tienes que hacer una composición de lugar práctica. ¿Me puede estropear este idiota el paseo? La respuesta es que sí, si llama a algún policía poco informado como él, acabo detenido por un par de horas. Mejor me hago el idiota, razoné, cosa que me sale muy bien, y viviré para fotografiar otro día.
