Nos pasó un poco cuando fuimos a Piermont, un pueblo a orillas del Hudson a unos 40 kilómetros de Nueva York. La dueña tenía una jauría de perros y varios gatos, y su casa tenía el olor consecuente. Pero habíamos alquilado un anexo independiente de su local, en un antiguo cuerpo de bomberos.
Nuestro apartamento, con cocina y salón incluidos, miraba a un riachuelo y estaba cerca de todo para ir a pie. Además, sin olor a gatos y con la nevera llena de comida para el desayuno.
Pasamos dos días encantadores y con mucho descanso.

Comentarios ( 1)
El problema de las aquí llamadas "casas rurales" es que en ocasiones los dueños son particularmente cotillas y algunos no se cortan en preguntarte por tu vida, eso si, todo rodeado de amabilidad. A demás los desayunos con otros moradores me resultan especialmente " pesados", todo el mundo comentando "lo apacible y maravilloso que es el sitio y que bien se siente uno sin el estrés que se padece en la ciudad" PURA MENTIRA, ninguno de los huéspedes aguantaría más de 5 días en el campo, y yo particularmente ni 3. La vida en esos sitios es un coñazo. Ja, ja
Por javier | 28 de Abril 2009 a las 10:12 AM