Durante la Segunda Guerra Mundial, la Luftwaffe alemana empleó a fondo los métodos de interrogación de Hanns Scharff, uno de sus oficiales más diplomáticos y educados.
Scharff se convirtió en el interrogador más útil de toda la guerra, y obtuvo información tan valiosa que no sólo recibió el apodo del «Interrogador Maestro» sino que además fue contratado a posteriori por su contrincante, la Fuerza Aérea de Estados Unidos, para que diera clases en su academia.
La mejor arma de Scharff fue la sutileza y la sicología. Jamás agredió ni tan siquiera levantó la voz a sus interrogados, sino que más bien se hizo amigo de ellos. Aprovechó la soledad para entablar conversación y como el que no quiere la cosa sonsacó información valiosísima.
La táctica contrasta con las acciones de Francia durante la Guerra de Independencia de Argelia, en la cual la tortura se convirtió en una táctica más. Pero si algo quedó claro en ese terrible conflicto es que la tortura como método de obtención de información no sirve.
Los presos del FLN capturados por los franceses delataban, tras un suplicio, a oponentes moderados. Estas falsas delaciones sólo lograron cimentar el movimiento independentista argelino.
Lo menciono por el falso escándalo producido por la publicación compulsiva de varios memorandos de la admnistración Bush, que respaldan la tortura. Sus defensores, que tristemente no son pocos, han visto demasiados capítulos de 24 y creen que varias personas fueron torturadas sistemáticamente porque estaba a punto de cometerse un atentado.
Sencillamente eso no es cierto. Las células terroristas siguen un patrón adquirido por sus antepasados comunistas del siglo XIX y sencillamente una mano no sabe lo que hace la otra. Si el mismísimo Ben Laden hubiera sido capturado el 10 de septiembre de 2001, no hubiera dado ni un solo detalle útil porque sencillamente no los tenía. Sus células tenían autonomía total del mando fuera del objetivo final.
Pero fuera de ese argumento práctico, la tortura es sencillamente inmoral. Y si algunos creen que EE.UU. o cualquier otra nación civilizada debe ejercerla, entonces debería tener la valentía de anular las Convenciones de Ginebra que la prohiben.
Scharff se convirtió en el interrogador más útil de toda la guerra, y obtuvo información tan valiosa que no sólo recibió el apodo del «Interrogador Maestro» sino que además fue contratado a posteriori por su contrincante, la Fuerza Aérea de Estados Unidos, para que diera clases en su academia.
La mejor arma de Scharff fue la sutileza y la sicología. Jamás agredió ni tan siquiera levantó la voz a sus interrogados, sino que más bien se hizo amigo de ellos. Aprovechó la soledad para entablar conversación y como el que no quiere la cosa sonsacó información valiosísima.
La táctica contrasta con las acciones de Francia durante la Guerra de Independencia de Argelia, en la cual la tortura se convirtió en una táctica más. Pero si algo quedó claro en ese terrible conflicto es que la tortura como método de obtención de información no sirve.
Los presos del FLN capturados por los franceses delataban, tras un suplicio, a oponentes moderados. Estas falsas delaciones sólo lograron cimentar el movimiento independentista argelino.
Lo menciono por el falso escándalo producido por la publicación compulsiva de varios memorandos de la admnistración Bush, que respaldan la tortura. Sus defensores, que tristemente no son pocos, han visto demasiados capítulos de 24 y creen que varias personas fueron torturadas sistemáticamente porque estaba a punto de cometerse un atentado.
Sencillamente eso no es cierto. Las células terroristas siguen un patrón adquirido por sus antepasados comunistas del siglo XIX y sencillamente una mano no sabe lo que hace la otra. Si el mismísimo Ben Laden hubiera sido capturado el 10 de septiembre de 2001, no hubiera dado ni un solo detalle útil porque sencillamente no los tenía. Sus células tenían autonomía total del mando fuera del objetivo final.
Pero fuera de ese argumento práctico, la tortura es sencillamente inmoral. Y si algunos creen que EE.UU. o cualquier otra nación civilizada debe ejercerla, entonces debería tener la valentía de anular las Convenciones de Ginebra que la prohiben.

Comentarios ( 1)
La polémica está servida y Condoleezza Rice, otrora ejemplo de superación y éxito para los de su raza, está a punto de convertirse en una villana. En realidad creo que no hace falta ir tan lejos, en muchas comisarías de Usa seguro que la tortura está al orden del día. La de Guantánamo a mi particularmente me parece una VENGANZA más que la necesidad de tener a unos islamistas aislados y en un limbo jurídico. Una venganza pura y dura.
Por javier | 25 de Abril 2009 a las 06:30 AM