Los últimos tres meses han sido francamente funestos para los ecuatorianos en Nueva York.
Primero una pandilla xenófoba asesina a Marcelo Lucero en una población de Long Island. El grupo buscaba a un latino y se toparon con Lucero, que iba a casa después de salir del trabajo.
Un mes más tarde, Jose Sucuzhanay fue asesinado en Brooklyn porque iba cogido del brazo de su hermano, desatando furias homofóbicas y xenófobas a la vez.
Y el caso más espantoso de los tres pertenece a Guido Salvador Carabajo Jara, que estaba a una manzana de su casa en Corona, Queens, cuando fue atropellado por un coche casi en la madrugada. Al yacer en el pavimento, pasó una furgoneta que le enganchó por debajo del esternón y le arrastró, rozando la autopista, más de 30 kilómetros hasta Coney Island. El conductor, impactadísimo, descubrió el cadáver cuando se lo indicaron ciertos transeúntes. La policía ha clasificado la terrible muerte como un accidente.
Cuando me acuerdo de los dos ecuatorianos que murieron en el atentado de la T-4 en Madrid, me doy cuenta que a veces cuando naces para clavo no importa donde estés, que el martillazo te viene igual.
Primero una pandilla xenófoba asesina a Marcelo Lucero en una población de Long Island. El grupo buscaba a un latino y se toparon con Lucero, que iba a casa después de salir del trabajo.
Un mes más tarde, Jose Sucuzhanay fue asesinado en Brooklyn porque iba cogido del brazo de su hermano, desatando furias homofóbicas y xenófobas a la vez.
Y el caso más espantoso de los tres pertenece a Guido Salvador Carabajo Jara, que estaba a una manzana de su casa en Corona, Queens, cuando fue atropellado por un coche casi en la madrugada. Al yacer en el pavimento, pasó una furgoneta que le enganchó por debajo del esternón y le arrastró, rozando la autopista, más de 30 kilómetros hasta Coney Island. El conductor, impactadísimo, descubrió el cadáver cuando se lo indicaron ciertos transeúntes. La policía ha clasificado la terrible muerte como un accidente.
Cuando me acuerdo de los dos ecuatorianos que murieron en el atentado de la T-4 en Madrid, me doy cuenta que a veces cuando naces para clavo no importa donde estés, que el martillazo te viene igual.

Comentarios ( 1)
Hay personas a las que parece perseguir la mala suerte de manera especial, se ensaña con ellos, otras se topan con la "mala suerte" de una sola vez pero con una contundencia demoledora - nunca mejor dicho - Todo esto pone de manifiesto que la vida en muchos aspectos es como una ruleta imposible de controlar, crucemos los dedos y toquemos madera por si acaso.
Por Javier | 29 de Marzo 2009 a las 11:21 AM