Hay momentos especiales, que te vienen de sopetón no logras saborearlos del todo. El nuestro para el Día de San Valentín vino en la siempre congestionada estación de Lexington y la 53, mientras esperábamos el tren.
En los repletos andenes surgía el gemido de un acordeón que interpretaba Bésame mucho. Con el follón de la estación no se distinguía muy bien. Y entonces Carlos decidió darme la mitad de sus auriculares para oír a Monna Bell cantar Estaba escrito.
Fue singular, inesperado y bonito. Dos personas en medio del jolgorio y la impaciencia, oyendo una canción de amor. Por fin viene el tren, abarrotado, pero sólo puedes pensar que en el libro de la vida
/que en mis sueños he leído/ nuestro amor que no se olvida/ estaba escrito.
En los repletos andenes surgía el gemido de un acordeón que interpretaba Bésame mucho. Con el follón de la estación no se distinguía muy bien. Y entonces Carlos decidió darme la mitad de sus auriculares para oír a Monna Bell cantar Estaba escrito.
Fue singular, inesperado y bonito. Dos personas en medio del jolgorio y la impaciencia, oyendo una canción de amor. Por fin viene el tren, abarrotado, pero sólo puedes pensar que en el libro de la vida
/que en mis sueños he leído/ nuestro amor que no se olvida/ estaba escrito.

Comentarios ( 1)
Suena un poco relamido, pero el amor es así
Por Javier | 29 de Marzo 2009 a las 11:23 AM