Durante la primera media hora de Slumdog Millionaire me pregunto cómo una película visualmente bonita pero por lo general convencional puede alcanzar tanto aclamo. Después de todo, la fórmula del huérfano del barrio ultrabajo que lucha por sobrevivir y acaba ganando en Quiere ser millonario es bastante convencional debajo del tapiz.
Hora y media más tarde, ya al final, estoy llorando como una Magdalena. No porque tenga un final trágico (que en cierto modo lo tiene), sino porque trafica tan bien con la ilusión, con la esperanza, el conocimiento y el romance que caigo irremisiblemente en sus redes y me engancha como a un tonto.
Al final es un dictamen de la humanidad de que del hacinamiento abrumador que vive un país puede surgir algo tan bonito, dentro sus horrores. Slumdog Millionaire te va poniendo capa visual tras capa de desgracia y derrota sobre las cuales de alguna manera salen dos hermanos huérfanos, Salim y Jamal mientras encuentran, pierden y vuelven a encontrar a su compañera de fatigas de la infancia, Maleka.
En cierto modo, una de las primeras escenas, en la cual el joven Jamal cubierto de «fango» por así llamarlo, se lleva el gato al agua y logra su acometido pese a su origen, es emblemática del resto de Slumdog Millionaire.
Reconozco que mi dictamen es bastante personal, y que me han manipulado de sobremanera. El meloso videoclip final a lo Bollywood lo confirma, pero después de lo que le sucede a estros tres personajes no exigiría nada menos feliz.
Hora y media más tarde, ya al final, estoy llorando como una Magdalena. No porque tenga un final trágico (que en cierto modo lo tiene), sino porque trafica tan bien con la ilusión, con la esperanza, el conocimiento y el romance que caigo irremisiblemente en sus redes y me engancha como a un tonto.
Al final es un dictamen de la humanidad de que del hacinamiento abrumador que vive un país puede surgir algo tan bonito, dentro sus horrores. Slumdog Millionaire te va poniendo capa visual tras capa de desgracia y derrota sobre las cuales de alguna manera salen dos hermanos huérfanos, Salim y Jamal mientras encuentran, pierden y vuelven a encontrar a su compañera de fatigas de la infancia, Maleka.
En cierto modo, una de las primeras escenas, en la cual el joven Jamal cubierto de «fango» por así llamarlo, se lleva el gato al agua y logra su acometido pese a su origen, es emblemática del resto de Slumdog Millionaire.
Reconozco que mi dictamen es bastante personal, y que me han manipulado de sobremanera. El meloso videoclip final a lo Bollywood lo confirma, pero después de lo que le sucede a estros tres personajes no exigiría nada menos feliz.

Comentarios ( 1)
No he visto la peli, es más ni tan siquiera la han estrenado por estos lares, o pasó desapercibida, pero pinta bien, más por la estética que por el argumento. En cualquier caso, parece un edulcorado drama romántico, lastima que la película que pretende ser de un realismo atroz no lo consiga: Alguien salido de un geto de Bombay ( si es que Bombay no es todo un geto ) no tendría esos sentimientos tan puros porque no hubiera sobrevivido, sería un delincuente o un miserable enfermo, y la chica, que decir de ella, nos la presentan como una casi blanca de aspecto virginal, cuando en la realidad sería una prostituta infectada y destrozada por múltiples enfermedades. Esa sería la cruel realidad. Para mi que el Sr Danny Boyle se metió un par de ácidos cuando escribía el guión.
Por Javier | 13 de Enero 2009 a las 09:05 AM