Por primera vez en varios años la Academia ha dado la espalda a Clint Eastwood, y lo único que ha recibido su película Gran Torino ha sido calabazas.
Aunque inexplicablemente la Junta Nacional de Críticos le premió como el mejor actor de 2008, su papel en la película no se beneficia nada de un guión poco creíble y de una interpretación tan exageradamente arisca que añade a las capas de incredulidad.
Lástima, porque Gran Torino tiene momentos interesantes y hasta brillantes. Pero en lugar de lijar al de por sí asperísimo Walt Kowalski, Eastwood opta por sacar más las astillas.
El asunto empeora debido a que Gran Torino sigue el famoso derrotero de Hollywood de contradecir el primer acto de su guión para soslayar el segundo. Confundido, Eastwood deambula entre los gruñidos literales y la sensibilidad. Ninguno tiene sentido y el actor, a bordo del barco que también dirige, se acaba hundiendo.
Aunque inexplicablemente la Junta Nacional de Críticos le premió como el mejor actor de 2008, su papel en la película no se beneficia nada de un guión poco creíble y de una interpretación tan exageradamente arisca que añade a las capas de incredulidad.
Lástima, porque Gran Torino tiene momentos interesantes y hasta brillantes. Pero en lugar de lijar al de por sí asperísimo Walt Kowalski, Eastwood opta por sacar más las astillas.
El asunto empeora debido a que Gran Torino sigue el famoso derrotero de Hollywood de contradecir el primer acto de su guión para soslayar el segundo. Confundido, Eastwood deambula entre los gruñidos literales y la sensibilidad. Ninguno tiene sentido y el actor, a bordo del barco que también dirige, se acaba hundiendo.
