De niño, ir al Cine Imperial era un referente básico. Cuando abríamos la cartelera, dicho cine en el número 32 de la Gran Vía madrileña era obligatorio porque echaba todas las películas de Walt Disney. Al llegar el VHS y posteriormente el DVD, la suerte del Cine Imperial estaba echada y cerró sus puertas hace dos o tres años.Para ir al cine a veces pasábamos por el Ministerio del Movimiento, en la calle de Alcalá, muy reconocible porque tenía el yugo y las flechas en su fachada. Al buscar perfuntoriamente en Google no he encontrado ninguna foto, pero aunque quitaron el símbolo de la Falange hace más de 30 años, su vista es memorable.
Es parte del mobiliario urbano que aunque parezca inmutable, no lo es. Cuando vuelva a pisar la Gran Vía, me acordaré de ambos.
En Nueva York me ha pasado algo a la inversa. Desde el muelle de Christopher Street uno de los edificios más reconocibles es la torre de la terminal de ferry Erie Lackawanna. Hace un siglo, antes de que ocho túneles cruzaran el Hudson, los trenes de ese ferrocarril se detenían ahí y los pasajeros tenían que montarse en un incómodo ferry para llegar hasta Manhattan.
He visto la puesta de sol varias veces desde el muelle y siempre pensé que la torre era un vestigio histórico de una era anterior. Pero no, resulta que la torre tiene menos de un año, más o menos el mismo tiempo que llevo yendo al muelle de Christopher Street. Cosas de la vida.
