No saben, por supuesto, que la verdadera Pequeña Italia neoyorquina está, a duras penas, en el Bronx. Es, sin duda, la mala fama a la que me refería el otro día. ¿Qué guía turístico o conserje de hotel se atrevería a enviar a nadie al Bronx?
Aunque está a 20 minutos en tren desde Grand Central Terminal, para ir a Arthur Avenue es mejor tomar otras vías del Bronx que ponen en contraste su existencia. La primera vez que fui lo hice por la Tercera Avenida, llena de desgaste y decadencia hasta toparme casi con el pequeño oásis.
Cuando planifiqué el viaje con unos amigos, a mis amistades los conocedores les dijeron que «temían por sus vidas». Toda una exageración.
Es cierto, Arthur Avenue sobrevive a duras penas, rodeado de tantos y tantos bloques de pobreza y animadversión. Si no fuera por el influjo de italianos que viven en Westchester, hacía tiempo que hubiera cerrado sus puertas. Y también es cierto que hay zonas más italianas del Bronx como Morris Park o Throggs Neck. Pero más típico, imposible.
El sábado estuvimos en un mercado que aunque no parezca excepcional a los europeos, salta a la vista por su genuidad y bajísimos precios. Nos tomamos unos cafés en un bar con dos retratos de Mussolini y vimos las gangas de aceite oliva que ostentaban ciertas tiendas.
Salvo la mía, no había cámaras ni visitantes de otras tierras. Aquí la gente venía a comprar, comer, jugar a las cartas y punto. Me cuesta un poco reflejarlo en el blog, pero es un secreto a voces. A todo visitante, antes de perder el tiempo en Mulberry Street, visita el Bronx; Arthur Avenue, para más señas.

Comentarios ( 1)
Es lo malo de las grandes ciudades, acaban por engullir los sitios antaño típicos. Todo se uniformiza para peor
Por Javier | 28 de Enero 2009 a las 12:40 PM