Ser inmigrante implica de cierta manera el desarraigo. Aunque los españoles tenemos el chip programado para intentar volver a la patria tarde o temprano, a medida que pasa el tiempo nos damos cuenta que nuestro país de origen ya ha cambiado, no sigue siendo el mismo que dejamos.
Por lo cual, volver a casa se convierte casi en una cuestión política, y posiblemente no sólo para ti sino para los seres queridos. ¿Dónde está el nido?
Precisamente el año pasado, durante un breve viaje a Chicago, me di cuenta que casa estaba aquí, en Nueva York. Quizá lo más maravilloso sea que esta casa la he elegido yo, con todas las consecuencias. Soy consciente de que algún día la pueda cambiar, pero hoy por hoy me encanta decirlo.
Por eso, esta mañana cuando cojamos carreteras cubiertas de nieve y de hielo, podré decir «Vámos a casa, vamos a Nueva York» y me sentiré bastante feliz por articular la frase.
Por lo cual, volver a casa se convierte casi en una cuestión política, y posiblemente no sólo para ti sino para los seres queridos. ¿Dónde está el nido?
Precisamente el año pasado, durante un breve viaje a Chicago, me di cuenta que casa estaba aquí, en Nueva York. Quizá lo más maravilloso sea que esta casa la he elegido yo, con todas las consecuencias. Soy consciente de que algún día la pueda cambiar, pero hoy por hoy me encanta decirlo.
Por eso, esta mañana cuando cojamos carreteras cubiertas de nieve y de hielo, podré decir «Vámos a casa, vamos a Nueva York» y me sentiré bastante feliz por articular la frase.

Comentarios ( 1)
Los países no cambian demasiado, son las personas las que cambian. La idea de ser inmigrante tiene mucho o todo que ver con la integración en el país de acogida, no consiste solo en hablar y entender el idioma, sino en soñar en el idioma, pensar como ellos y lo que es más importante relacionarte con ellos, mientras tanto, por bien que vivas - caso de que sea cierto - siempre serás inmigrante.
Por Javier | 15 de Diciembre 2008 a las 04:08 AM