Como su gemela paralela de Park Avenue, Riverside tiene mucha alcurnia y la ventaja de siempre mirar al río Hudson o por lo menos al parque homónimo en casi todo su trayecto. Si hay algo que no cambia en su recorrido son la ausencia de locales comerciales, la vía es netamente residencial salvo cuatro o cinco edificios religiosos y varios monumentos.
Aparte de la Tumba del presidente Grant o del Monumento a los Soldados y Marineros, casi nada irrumpe su silencioso ademán. Como todo en Manhattan al internarse en Harlem y Washington Heights, la tez de sus habitantes cambia un poco, pero en este caso su aspecto señorial no tanto.
Ya sea en barrio próspero o no tanto, se adivina que Riverside es de lo mejorcito, cambiando esta última definición muchísimo según el poder adquisitivo de la zona. Y tiene siempre, como su nombre indica, al río de cómplice, un estuario tan amplio como manso.
