Zina Saunders, que en su web se dedica a escribir perfiles de ciudadanos de a pie, entrevista a David Graves, un apicultor que tiene varias colmenas en Nueva York.
La entrevista de por sí es fascinante, y destaca que Graves pone un cartel en el mercadillo agricultor de Union Square solicitando azoteas para sus colmenas.
Actualmente mantiene 15 colmenas en toda la ciudad. Las visita casi todas las semanas y de manera curiosa: un taxista le transporta gratuitamente a todas a cambio que Graves le cuente todo lo que sabe sobre la apicultura.
Graves no lleva guantes durante sus labores, pues explica que las abejas casi nunca le pican, aunque de hacerlo suelen curarle la artritis.
Debido al trastorno de colapso de colmenas, perdió casi todas hace tres años. Graves opina que se debe a las torres de teléfonos móviles, que interfieren con las ondas electromagnéticas utilizadas por las abejas para encontrar néctar.
Y, no sorprende, las abejas de Nueva York trabajan mucho más que las del campo.
«Las abejas [del campo] suelen detener sus labores a eso de las 5 p.m.», dice Graves «Las abejas de la ciudad de Nueva York trabajan más horas y con mayor esfuerzo. Y como puede ver, estamos aquí antes de las 7 a.m. y las abejas ya han empezado a trabajar, mientras las abejas del campo no suelen salir hasta las 9 de la mañana. ¡Y estas abejas urbanas seguirán trabajando hasta las 7 p.m.!»
La entrevista de por sí es fascinante, y destaca que Graves pone un cartel en el mercadillo agricultor de Union Square solicitando azoteas para sus colmenas.
Actualmente mantiene 15 colmenas en toda la ciudad. Las visita casi todas las semanas y de manera curiosa: un taxista le transporta gratuitamente a todas a cambio que Graves le cuente todo lo que sabe sobre la apicultura.
Graves no lleva guantes durante sus labores, pues explica que las abejas casi nunca le pican, aunque de hacerlo suelen curarle la artritis.
Debido al trastorno de colapso de colmenas, perdió casi todas hace tres años. Graves opina que se debe a las torres de teléfonos móviles, que interfieren con las ondas electromagnéticas utilizadas por las abejas para encontrar néctar.
Y, no sorprende, las abejas de Nueva York trabajan mucho más que las del campo.
«Las abejas [del campo] suelen detener sus labores a eso de las 5 p.m.», dice Graves «Las abejas de la ciudad de Nueva York trabajan más horas y con mayor esfuerzo. Y como puede ver, estamos aquí antes de las 7 a.m. y las abejas ya han empezado a trabajar, mientras las abejas del campo no suelen salir hasta las 9 de la mañana. ¡Y estas abejas urbanas seguirán trabajando hasta las 7 p.m.!»

Comentarios ( 1)
Siempre he mantenido que es más dura la vida en las ciudades, aunque menos aburrida. Coincido con las abejas
Por Javier | 1 de Diciembre 2008 a las 03:49 AM