Debido a que es el único puente en muchos kilómetros, el puente tiene serios problemas de congestión prácticamente toda la semana (y no es por falta de carriles; tiene 14). Pero además de eso tiene una pasarela peatonal (y para ciclistas) que mira en dirección sur.
Además del paisaje urbano de los rascacielos de Manhattan, muy a lo lejos, se ve el majestuoso río Hudson y los bosques y reservas naturales de Nueva Jersey. Hace dos meses en plena fiebre puenteril lo crucé por primera vez y la verdad que es una de las experiencias sobrecogedoras y sorprendentes que te da esta ciudad. Si no te exalta la vista, lo harán los numerosos ciclistas que comparten la pasarela en ambos sentidos.
El domingo por la tarde, cuando terminaba mi paseo por Riverside Drive decidí ver el ocaso desde el puente.
Casi llegando me dieron ganas de arrepentirme. Estaba cansado, parecía que faltaba casi media hora para la puesta del sol y entre el viento y el frío (unos siete grados a esa hora) no me apetecía del todo.
Claro, la panorámica me hizo cambiar de opinión. Debido a la hora no había tantos ciclistas que iban a lo loco y me pude meter en un rincón de una viga para presenciar todo y sacar fotos. El cambio de color, los olores del río, el viento fresco soplando, las hojas variopintas, los lejanos rascacielos y el mar muy a lo lejos. Francamente inolvidable.
Saqué más de 150 fotos y puse muchas aquí. Pero no le hacen justicia al lugar ni al momento. Es una de esas conjugaciones de naturaleza y huella humana que dejan absolutamente absorto.

Comentarios ( 1)
¡¡¡Ayyyy!!! ¡¡¡Qué recuerdos!!! Snif...
Por Tomás | 6 de Noviembre 2008 a las 07:46 PM