Debido a que EE.UU. es la democracia presidencial más antigua, los ciclos políticos son predecibles. La economía causa furia en los votantes, que suelen castigar al partido en el poder y elevar a la Casa Blanca hombres ilustres y a veces no tanto: Jefferson, Harrison (abuelo y nieto), Lincoln, Cleveland, Wilson, Harding, Franklin Roosevelt, Dwight Eisenhower, Kennedy, Nixon, Carter, Ronald Reagan y Bill Clinton se han beneficiado de dicha dinámica.
Han habido muy pocas excepciones, que no confirman la regla en absoluto, pero notables: Hayes y Bush padre. El primero sencillamente se apropió de unas elecciones bastante corruptas y el segundo hizo trizas a su contrincante mediante la primera gran campaña negativa de los medios modernos.
En esas corrientes históricas se emplazan hoy en día a Obama y a McCain. El primero ha estabilizado su alza en las encuestas, el segundo quiere imitar a Bush padre, no le queda otra salida. Cada tropiezo adicional que tiene la muy acontecida economía significa un bache más en las encuestas. El fenómeno parecerá injusto (estoy seguro que al mismo McCain sí le resulta poco ecuánime) pero es intachable.
Hace 148 años Estados Unidos eligió presidente a un abogado rural, con un total de 10 años de experiencia legislativa que terminó de acumular 12 años antes de las elecciones presidenciales. De su currículum nada grueso salió en la campaña con discursos nada concretos sobre la crisis incipiente del país. Pese a que decidió provocar una guerra de secesión, Abraham Lincoln es recordado como el mejor presidente de la historia.
Venció a políticos más experimentados que se quejaban de lo verde que era el candidato republicano. No comparo a Barack Obama con Lincoln, salvo en lo obvio: Lincoln tenía menos trayectoria pública aún en 1860. Ese sí que era un valor desconocido.
El excepcionalismo de Obama viene por su currículum y su nombre. Si hace seis años se hubiera dicho que el hijo de un keniano de nombre Barack Hussein estaría a punto de ganar las elecciones de Estados Unidos, nadie se lo hubiera creído. McCain se niega a creérselo, pese a los sondeos, y la maquinaria del partido republicano, tan amena a la victoria, no lo quiere permitir tampoco.
Por eso ahora empiezan las alusiones, los ataques ad hóminem, las sugerencias que es un prototerrorista, el escenario del Manchurian Candidate (El mensajero del miedo) y, cómo no, las alusiones racistas. Es espectacular ver en lo que se ha convertido quien hace poco era el político más respetado en EE.UU. y la riada que arrastra. Espectacular y temible.
Temible porque Al Qaeda no se ha pronunciado aún y por la bilis que está suscitando entre sus seguidores. Racistas, nacionalistas y xenófobos, pueden llegar a ser espeluznantes.
Han habido muy pocas excepciones, que no confirman la regla en absoluto, pero notables: Hayes y Bush padre. El primero sencillamente se apropió de unas elecciones bastante corruptas y el segundo hizo trizas a su contrincante mediante la primera gran campaña negativa de los medios modernos.
En esas corrientes históricas se emplazan hoy en día a Obama y a McCain. El primero ha estabilizado su alza en las encuestas, el segundo quiere imitar a Bush padre, no le queda otra salida. Cada tropiezo adicional que tiene la muy acontecida economía significa un bache más en las encuestas. El fenómeno parecerá injusto (estoy seguro que al mismo McCain sí le resulta poco ecuánime) pero es intachable.
Hace 148 años Estados Unidos eligió presidente a un abogado rural, con un total de 10 años de experiencia legislativa que terminó de acumular 12 años antes de las elecciones presidenciales. De su currículum nada grueso salió en la campaña con discursos nada concretos sobre la crisis incipiente del país. Pese a que decidió provocar una guerra de secesión, Abraham Lincoln es recordado como el mejor presidente de la historia.
Venció a políticos más experimentados que se quejaban de lo verde que era el candidato republicano. No comparo a Barack Obama con Lincoln, salvo en lo obvio: Lincoln tenía menos trayectoria pública aún en 1860. Ese sí que era un valor desconocido.
El excepcionalismo de Obama viene por su currículum y su nombre. Si hace seis años se hubiera dicho que el hijo de un keniano de nombre Barack Hussein estaría a punto de ganar las elecciones de Estados Unidos, nadie se lo hubiera creído. McCain se niega a creérselo, pese a los sondeos, y la maquinaria del partido republicano, tan amena a la victoria, no lo quiere permitir tampoco.
Por eso ahora empiezan las alusiones, los ataques ad hóminem, las sugerencias que es un prototerrorista, el escenario del Manchurian Candidate (El mensajero del miedo) y, cómo no, las alusiones racistas. Es espectacular ver en lo que se ha convertido quien hace poco era el político más respetado en EE.UU. y la riada que arrastra. Espectacular y temible.
Temible porque Al Qaeda no se ha pronunciado aún y por la bilis que está suscitando entre sus seguidores. Racistas, nacionalistas y xenófobos, pueden llegar a ser espeluznantes.

Comentarios ( 1)
Me parece un cachondeo pensar en OBAMA como el gestor ideal para la bancarrota que se avecina, en cualquier caso su falta de experiencia la pagaran los millones de pobres y no tan pobres nortamericanos. Dios los coja confesados.
Por Javier | 9 de Octubre 2008 a las 11:15 AM