A medida que veía el discurso implacable de Sara Palin, me daba cuenta que las posibilidades de victoria de John McCain subían como la espuma. No porque fuera un discurso aceptablemente bueno o verdadero, sino por la ferocidad de sus furiosas palabras, a veces fallidas y a veces cínicas (criticar viajar en avión privado cuando la mujer de McCain ha dicho que la única forma de ver Arizona es mediante su avioneta, por ejemplo) y contradictorias.
Antes de empezar intercambiaba impresiones con un compañero, que ve la campaña de manera intelectual. Es obvio, por una regla histórica, que el partido en el poder debe ser castigado por sus errores económicos. Siempre ha ocurrido en Estados Unidos y cree que volverá a suceder. Desde la intelectualidad, es intachable la premisa de que John McCain perderá.
Pero, le dije, ve las cosas desde su meseta de la razón, sin descender un minuto al valle de la emoción y de lo visceral. El discurso de Palin ha plasmado lo que será una campaña brutal, nos quedan dos meses de contienda sin cuartel. Obama, tan tardío en responder a estas situaciones, puede ser reducido perfectamente al margen mientras en una corriente de populismo y de desprecio total hacia su oponente, McCain y Palin alcanzan el poder.
Todo esto es factible si no se destapa la olla de grillos a presión que tiene la gobernadora en Alaska. Los indicios de abuso de poder y de falsedad no son pocos, aunque la campaña, emulando a Millán Astray, dice que mueran los medios de información.
Antes de empezar intercambiaba impresiones con un compañero, que ve la campaña de manera intelectual. Es obvio, por una regla histórica, que el partido en el poder debe ser castigado por sus errores económicos. Siempre ha ocurrido en Estados Unidos y cree que volverá a suceder. Desde la intelectualidad, es intachable la premisa de que John McCain perderá.
Pero, le dije, ve las cosas desde su meseta de la razón, sin descender un minuto al valle de la emoción y de lo visceral. El discurso de Palin ha plasmado lo que será una campaña brutal, nos quedan dos meses de contienda sin cuartel. Obama, tan tardío en responder a estas situaciones, puede ser reducido perfectamente al margen mientras en una corriente de populismo y de desprecio total hacia su oponente, McCain y Palin alcanzan el poder.
Todo esto es factible si no se destapa la olla de grillos a presión que tiene la gobernadora en Alaska. Los indicios de abuso de poder y de falsedad no son pocos, aunque la campaña, emulando a Millán Astray, dice que mueran los medios de información.
