Me cortó el pelo una vez en la peluquería de la esquina, y su historia merece contarse. Comento que aunque no le pedí permiso para ponerla aquí, cambié su nombre y no tengo su foto. Por otra parte, abrió su alma de una manera unilateral, mientras usaba las tijeras.
A los 14 años, Odalis fue abandonada por su madre. «Me vuelvo a Puerto Rico, te quedas aquí, mija». Aquí era el Bronx, y Odalis se ganó la vida como pudo, pasándolas negras, mientras logró avanzar con uñas y dientes. A los 20 años fue madre, a los 22 se divorció, y ahora se gana la vida como peluquera pluriempleada.
Odalis me cuenta sus dos dilemas existenciales.
El primero es que su madre, que ha vuelto de Puerto Rico, está muy mal de salud y por lo que cuenta, al borde de la muerte. Aunque la madre no le ha pedido perdón, Odalis cree que lo misericordioso y humano sería perdonarla, y estar con ella de forma cariñosa en sus últimos días.
Pero sencillamente no puede perdonarle, el brutal abandono la marcó (calculo que tendrá treinta y pico años, pero las arrugas acusan muchos más) y ahora se siente no solo incapaz de perdonarla pero también con remordimiento; el tiempo se está acabando y sabe que el final no va a ser nada feliz.
El segundo dilema de Odalis es que para proveer a sus hijos, tuvo que echarle muchas horas a sus empleos. Se siente distanciada con ellos pero a la vez sabe que si deja de trabajar tanto, su calidad de vida (que a juzgar por sus palabras de por sí no es nada alta) se resentirá.
Pese a todo, está contenta porque el día siguiente irá a la playa con ellos. Si el mar no cura por lo menos te ayuda a ser un poco feliz.
Le dejé diez dólares de propina.
A los 14 años, Odalis fue abandonada por su madre. «Me vuelvo a Puerto Rico, te quedas aquí, mija». Aquí era el Bronx, y Odalis se ganó la vida como pudo, pasándolas negras, mientras logró avanzar con uñas y dientes. A los 20 años fue madre, a los 22 se divorció, y ahora se gana la vida como peluquera pluriempleada.
Odalis me cuenta sus dos dilemas existenciales.
El primero es que su madre, que ha vuelto de Puerto Rico, está muy mal de salud y por lo que cuenta, al borde de la muerte. Aunque la madre no le ha pedido perdón, Odalis cree que lo misericordioso y humano sería perdonarla, y estar con ella de forma cariñosa en sus últimos días.
Pero sencillamente no puede perdonarle, el brutal abandono la marcó (calculo que tendrá treinta y pico años, pero las arrugas acusan muchos más) y ahora se siente no solo incapaz de perdonarla pero también con remordimiento; el tiempo se está acabando y sabe que el final no va a ser nada feliz.
El segundo dilema de Odalis es que para proveer a sus hijos, tuvo que echarle muchas horas a sus empleos. Se siente distanciada con ellos pero a la vez sabe que si deja de trabajar tanto, su calidad de vida (que a juzgar por sus palabras de por sí no es nada alta) se resentirá.
Pese a todo, está contenta porque el día siguiente irá a la playa con ellos. Si el mar no cura por lo menos te ayuda a ser un poco feliz.
Le dejé diez dólares de propina.

Comentarios ( 1)
La única solución que conozco para liberarse del rencor es perdonar aunque el perdonado/a no se lo merezca en absoluto, es la forma más inteligente de expulsar los demonios y la fúria.
Por javier | 23 de Septiembre 2008 a las 10:23 AM