En esos momentos estaba echando la última tierra a la tumba de mi ex pareja y llevaba casi 36 horas aguantando las burlas de mi lugar de empleo, donde nadie creía que el huracán iba a tener un fuerte impacto. Y estaba preocupadísimo por mis decrépitas ventanas que retumbaron ante los vientos. Y la preocupación agota.
Total, que cuando se fue la luz a eso de las cinco de la tarde, estaba agotado. Cierto, jamás olvidaré cuando vives la engañosa placidez del ojo del huracán. Y también mi sobrino estaba en paradero desconocido. Pero a las siete de la noche no podía más, me acosté y me quedé dormido por varias horas.
Afuera, las ventanas soportaron el embiste, al igual que mi verja. Pero las ramas no tanto. Al día siguiente ni me molesté en ir a trabajar, rompiendo varias reglas de periodismo.La luz volvió el viernes a las 11 de la noche. Dentro de la gravedad, no fue tanto: dos meses después la casa estuvo seis días sin luz tras Wilma.
Pese a mi cansancio, fueron unos días inolvidables.

Comentarios ( 1)
Es como si ese huracán se llevara una parte de tu vida, que ya no te interesa, pero sigue estando ahí y solo el tiempo te permitirá hacer comparaciones con rigor, sobre todo cuando aparezcan los baches en tu nueva vida. Siempre aparecen.
Por Javier | 27 de Agosto 2008 a las 05:49 AM