El New York Times publica una crónica de cómo los nuevos inmigrantes adoptamos Nueva York como nuestra. La nota está llena de verdades, y estos dos párrafos son los más destacables:
Los recién llegados de repente se dan cuenta que la ciudad no funciona para ellos o que se están convirtiendo inexorablemente en parte de ella, o ambos. Se descubren caminando y hablando más rápido.
El metro empieza a tener sentido. La paciencia se agota antes; el sarcasmo sigue. Se hacen nuevos nuevos, se establecen rutinas y la vida de la ciudad comienza a sentirse como segunda naturaleza. En otras palabras, los recién llegados se percatan de que se convierten en neoyorquinos.
Un poco más abajo relatan las experiencias individuales del momento preciso en el que se dieron cuenta que se habían convertido en neoyorquinos. Al leerlo me pregunto cuál fue mi momento, y la verdad es que no es tan fácil señalarlo.
Hace ocho años vine para un acto de la revista Mira! y empecé a ver a la ciudad con otros ojos, rompiendo un poco el hálito de criminalidad disfuncionalidad. En ese momento empecé a pensar que podía vivir aquí. DUrante el gélido enero de 2004 me llamó más la atención (pese al frío) y en mis paseos solitarios consideré que podía, efectivamente, adaptarme a vivir aquí.
Ya en mi visita de octubre de 2006 tenía los ojos muy abiertos y bueno, seis meses más tarde decidí mudarme. Mi experiencia no es muy común porque me encanta darle la vuelta a las cosas y porque trabajo en Long Island. No tengo la experiencia neoyorquina de montarme en metro todos los días para ir a trabajar (generalmente en coche) a Melville.
Y tampoco pertenezco al grupo demográfico que generalmente es el que viene a esta ciudad. En 2006, más de 75.000 veinteañeros se habían mudado a la ciudad en el último año.
Pero creo que si lo he de señalar, sería cuando vinieron mi madre y hermana a visitarnos y nos fuimos a cenar en el vértice de la v formada por los puentes de Brooklyn y Manhanttan. Posteriormente tuvimos un paseo en descapotable. Aunque verdaderamente estas cosas se notan más cuando sales de la ciudad. Al regreso, ya sabes que vuelves a casa.
Los recién llegados de repente se dan cuenta que la ciudad no funciona para ellos o que se están convirtiendo inexorablemente en parte de ella, o ambos. Se descubren caminando y hablando más rápido.
El metro empieza a tener sentido. La paciencia se agota antes; el sarcasmo sigue. Se hacen nuevos nuevos, se establecen rutinas y la vida de la ciudad comienza a sentirse como segunda naturaleza. En otras palabras, los recién llegados se percatan de que se convierten en neoyorquinos.
Un poco más abajo relatan las experiencias individuales del momento preciso en el que se dieron cuenta que se habían convertido en neoyorquinos. Al leerlo me pregunto cuál fue mi momento, y la verdad es que no es tan fácil señalarlo.
Hace ocho años vine para un acto de la revista Mira! y empecé a ver a la ciudad con otros ojos, rompiendo un poco el hálito de criminalidad disfuncionalidad. En ese momento empecé a pensar que podía vivir aquí. DUrante el gélido enero de 2004 me llamó más la atención (pese al frío) y en mis paseos solitarios consideré que podía, efectivamente, adaptarme a vivir aquí.
Ya en mi visita de octubre de 2006 tenía los ojos muy abiertos y bueno, seis meses más tarde decidí mudarme. Mi experiencia no es muy común porque me encanta darle la vuelta a las cosas y porque trabajo en Long Island. No tengo la experiencia neoyorquina de montarme en metro todos los días para ir a trabajar (generalmente en coche) a Melville.
Y tampoco pertenezco al grupo demográfico que generalmente es el que viene a esta ciudad. En 2006, más de 75.000 veinteañeros se habían mudado a la ciudad en el último año.
Pero creo que si lo he de señalar, sería cuando vinieron mi madre y hermana a visitarnos y nos fuimos a cenar en el vértice de la v formada por los puentes de Brooklyn y Manhanttan. Posteriormente tuvimos un paseo en descapotable. Aunque verdaderamente estas cosas se notan más cuando sales de la ciudad. Al regreso, ya sabes que vuelves a casa.

Comentarios ( 2)
Como me acuerdo de este paseo por Broadway y por Park Avenue!!!!
Por Marta | 29 de Agosto 2008 a las 06:15 PM
Suena muy pretencioso hablar de "casa" cuando acabas de aterrizar en esa ciudad.
Por Javier | 31 de Agosto 2008 a las 05:31 AM