De buenas a primeras me cuenta que justo en este lugar se intentó suicidar hace años. Se tiró al río, y de la nada apareció un helicóptero de rescate.
«Me alegro que lo hicieran», explica Pedro. «Ahora estoy casado y tengo dos hijos». Añade que trabaja, hoy sábado, en un cercano taller de chapistería en el Bronx, donde es gerente.
Pero siempre que puede viene a este lugar en el que pudo haber acabado su vida para admirar la mediocre panorámica. «Entro a trabajar en media hora, pero me gusta estar aquí», dice mientras enciende un cigarro con el filtro quitado.
Huelga decir que le pedí permiso para sacarle la foto y contar su historia en mi blog.

Comentarios ( 1)
Me pareció muy interesante ese esbozo de historia. Un acierto. Está visto que se puede pasar de lo malo a lo bueno y ser feliz, sin dejar de ser la misma persona.
Por Javier | 31 de Agosto 2008 a las 05:34 AM