Si se sigue por la costa del río Hudson, Riverside Park muestra su lujo a partir de la 59: muelles, cafés, recorridos naturales, monumentos históricos, etc. Ambos parques son públicos, y no hace falta decir cuál es el nivel económico de los habitantes que los rodean.
Riverside tiene la ventaja, claro, de un patronato particular que cuida cada rinconcito con primor. Central Park tiene lo mismo, al igual que Prospect Park. Pero cuando la labor cae en manos del maltrecho Departamento de Parques municipal, otro gallo, menor y con menos plumaje, canta.
Por cierto, tener un trayecto único y claro es beneficioso, 15,4 kilómetros ayer. Si añado mi miniexcursión del viernes al mediodía y lo andado el sábado, el total a patita del fin de semana suma 31 kilómetros. Cada vez me canso menos y las agujetas ya son cosa del pasado.
