| Las dos plantas del museo de la Sociedad Hispana de Nueva York. Las dos obras de Goya están abajo. |
En 1904, Colis Huntington eligió una granja para construir un museo bastante especial. El museo posee la colección de arte español más importante fuera de la península Ibérica, no sólo con su pinacoteca de Velázquez, Goya, Zurbarán, Sorolla y El Greco, sino también por su orfebrería, esculturas, telas y azulejos.
La granja que seleccionó no era cualquiera: perteneció al naturista James Audubon y Huntington (cuyo padrastro era un magnate ferroviario) erigió cinco monumentales edificios, en el mejor estilo italiano renacentista. El primero fue para su mencionado museo.
El resto de los monumentales edificios fueron ocupados por la Sociedad Numismática de EE.UU., la Sociedad Geográfica de EE.UU., la parroquia de Nuestra Señora de la Esperanza, el Museo del Indio y el Instituto Nacional de Artes y Letras.
Pero lo que pocos sabían es que el paraje que Huntington eligió (que fue bautizado como Audubon Terrace) sería pronto absorbido por un barrio que en su día parecía lejano y pequeño pero que la infraestructura ferroviaria logró expandir a pasos agigantados: Harlem. En menos de dos décadas la espectacular Audubon Terrace fue absorbida por el ghetto.
| Estatua de Rodrigo Díaz de Vivar, «El Cid». Audubon Terrace |
La única institución que sigue funcionando dentro del conjunto de edificios monumentales es la Sociedad Hispana. Pese a sus valiosas colecciones, es uno de los museos menos visitados de Nueva York y su junta de directores busca un local más «apropiado» (léase fuera de Harlem) para su patrimonio.
Ayer, con fuertes amenazas de lluvia, decidimos visitar la sociedad. Al salir de la estación del metro en la 157 Street y Broadway, ni un cartelito para ayudarnos a llegar al museo. Sólo se señala que la Universidad Boricua, nuevo inquilino del edificio la Sociedad Geográfica, está cerca.
Entre edificios medio dilapidados aparece Audubon Terrace y un póster con la Duquesa de Alba (la de Goya, no Cayetana, aunque no descarto que sea la misma) nos invita tras las rejas. El patio se abre con una estatua del Cid y poco después, la puerta de la sociedad flanqueada por dos leones. La entrada es gratuita y el guardia está hablando por teléfono. Nada más entrar nos percatamos de que es un espacio pequeñísimo y que está más o menos como lo dejó el señor Huntington tras su inauguración hace un siglo.
| Retrato de una niña, Velázquez. |
El plano que tiene su web da a entender que sólo hay tres cosas interesantes: los murales de Joaquín Sorolla, el Duquesa de Alba de Goya y el retrato de una niña de Velázquez. Malísima promoción, sobre todo cuando los murales de Sorolla están de gira por España mientras se renueva su galería (harán parada en el Museo Nacional de Arte de Cataluña y en el Museo del Prado) hasta finales de 2009.
Es muy mala promoción porque tiene sencillamente una muestra amplísima del arte español, sin rival en la ciudad y sospecho que en Estados Unidos. Aparte de los maestros, las colecciones de cerámica y orfebrería son espectaculares. Y sin embargo, estamos solos. Nos damos cuenta de la injusticia en varias ocasiones, pero al ver el cuarto cuadro del Greco, nos percatamos del horror: En esta mañana de sábado los únicos que estamos aquí son dos empleadas del museo, tres guardias de seguridad y nosotros.
Y también sufrimos. Aparte de que no hay apenas visitantes, tampoco hay aire acondicionado. El sábado la humedad alcanzó altas cotas mientras el mercurio superó los 30 grados. Estas obras maestras no pueden estar expuestas así. Tras casi 100 veranos neoyorquinos sin climatización alguna (si no contamos cuatro vetustos ventiladores), tienen que haber sufrido un desgaste importante.
Nos vamos entre un diluvio. Quizá cuando vuelvan los murales de Sorolla nosotros también lo hagamos. Pero el magno callejón de Audubon Terrace habrá muerto un poquito más.

Comentarios ( 1)
El arte como espetáculo que es necesita de la promoción, desgraciadamente. Nadie va a HARLEN a ver cuadros.
Por javier | 7 de Agosto 2008 a las 12:52 PM