
El día de mi cumpleaños, una vez cruzado el Puente de Brooklyn, me fijé una meta para este verano: cruzar a pie los principales puentes que comunican Manhattan. Hace un par de semanas crucé el puente de Williamsburg. No me gustaron sus vistas exteriores pero sí los interiores.
Ayer me decidí por la mañana, con un pronóstico de lluvias a mediodía, lanzarme a ver el de Manhattan. Salí de casa a las 8:30 y gracias a que el metro en general y la línea F en particular estaban muy de buenas, llegué a la base del puente en algo más de media hora.
| Puente de Manhattan, pista peatonal. |
En cuanto a acceso peatonal, cada puente es un mundo. El Brooklyn tiene una rampa única, compartida por ciclistas y peatones. El de Williamsburg es de dos rampas, cada cual igualmente compartida. Mientras, el de Manhattan tiene una rampa sur para peatones (la que tiene mejor vista) y la norte se reserva para ciclistas. Eso no quiere decir, claro, que no me topara con dos o tres ciclistas.
Las vistas del sur son monumentales: El cercano Puente de Brooklyn con su nueva catarata, la punta sur de Manhattan y más al fondo la Estatua de la Libertad abre la bahía de Nueva York. El tiempo no puede ser mejor para la primera quincena de agosto, 22 grados centígrados a la sombra a las 9 de la mañana.
En total, el puente mide 2.089 metros y tiene lugares para sacar fotos de la inmensa vista. Desemboca en Manhattan en el ajetreado cruce de Canal y el Bowery, la espina dorsal de Chinatown.
| Rituales ante el sol |
Cuando me acerco a la plazoleta que conforma la entrada al puente desde Manhattan, me encuentro con un señor que está haciendo un rito frente al sol. Sigo por el Bowery en dirección sur, y soy uno de los pocos caucasoides en la acera, que a esta hora de la mañana del domingo ya está repleta.
Llego a la estatua de Confucio, que preside Chatham Square. Durante el siglo XIX, esta era la peor zona de Manhattan, los peligrosísimos Five Points. Pero entre la renovación urbana masiva y una inmigración menos agresiva como la china, se puede pasear con toda tranquilidad. Continúo por Worth hasta llegar a Church. No son ni siquiera las 11 de la mañana, me siento bien y quiero otro puente. Opto por el George Washington.
| Señora con su compra, Worth Street |
Pero cuando llego a Church, me encuentro con una señora mayor que tiene una marcada escoliosis que le obliga a ir con bastón mientras de su otro brazo cuelga una voluminosa bolsa de compra. Le ofrezco ayuda pero la rechaza.
La línea de la Octava Avenida no coopera tanto (la C no circula, la A está local y circula por la vía de la F antes de llegar a West 4th) y el viaje me lleva más de lo previsto. Llego por fin a Washington Heights, doy otro garbeo por la plaza de Bennet Park y bajo al puente. Cuando bajo por la 181, me encuentro con tres personas cerca de un portal compartiendo marihuana. Me miran con cara sospechosa pero sigo como si nada. La rampa peatonal norte está cerrada y tengo que dar media vuelta a 10 metros del trío porrero, y ya están desconcertados. Después de cierto rodeo llego a la rampa sur.
| Vista de Manhattan desde el Puente George Washington. |
La vista desde el puente es espectacular. Se adivina la silueta de Manhattan centro y sur en un amplio río Hudson y los bosques que rodean la orilla de Nueva Jersey. Llego hasta la mitad del puente y vuelvo, pero me sorprendo que sea tan peligroso tanto para ciclista como para peatón. La rampa es estrechísima, tiene varias curvas y recovecos y los ciclistas están metidos en su rollo que casi siempre se niegan a apearse de su bici, por muy aparente que sea el peligro.
Eso sí, la vista es magnífica y no tiene vallas que la impidan. Estoy seguro que de noche será aún más espectacular.
De vuelta en Broadway bajo hasta la 145 y ahí me monto en metro, autobús y metro para llegar a Grand Central Terminal y comer en Junior's con Carlos. Total del paseo: 10,7 kilómetros, no ha estado mal.

Comentarios ( 1)
¡La "vista" de la pista peatonal del puente de Manhattan es magnífica! ¿Tienes la foto en grande? :)
Por Peter | 17 de Agosto 2008 a las 12:12 AM