Está siendo un día difícil en la oficina (y sólo son las 7:40 de la mañana). Un candidato se raja, nos falta personal por un tubo, los ingenieros escriben mal el código que descuajeringa toda la página y para colmo llego tarde porque me para un poli (a las 5:30 de la mañana, nada menos) por exceso de velocidad: 27 kilómetros, para ser exacto.
No me ponen multa (en estas circunstancias siempre es mejor ser respetuoso y admitir la culpa ipso facto, echándose a la merced del agente).
Llego con un humor de perros, pero entonces me acuerdo de las sabias palabras de un albañil hace ya 20 años.
En ese entonces era «jefe de obra» (enchufadísimo) en un pueblo de la sierra del Guadarrama. Uno de los encargados de obra era un señor extremeño, José Luis. Todos los viernes a las 2 de la tarde se montaba en su autobús para volver a su Herrerra del Duque querido.
Pero los jueves el aparejador y el arquitecto revisaban la obra, y al ver los errores de albañilería ponían verde a José Luis. Había días en los que le detallaban el mal del que se iba a morir.
Le pregunté una vez cómo lograba permanecer impasible ante tal devastadora crítica. Su respuesta (con su acento extremeño meridional incluido) fue muy sencilla:
«Mira, shavá, lo único que sé es que mañana me monto en el autobú a la dó, y en cinco horah estaré con mi mujeh y mis hijoh. Lo demá no importa».
Es una lógica que aguanta de maravilla el paso del tiempo. Mañana es festivo y me voy a Boston con Carlos. Hoy aguantaré el shaparrón.
No me ponen multa (en estas circunstancias siempre es mejor ser respetuoso y admitir la culpa ipso facto, echándose a la merced del agente).
Llego con un humor de perros, pero entonces me acuerdo de las sabias palabras de un albañil hace ya 20 años.
En ese entonces era «jefe de obra» (enchufadísimo) en un pueblo de la sierra del Guadarrama. Uno de los encargados de obra era un señor extremeño, José Luis. Todos los viernes a las 2 de la tarde se montaba en su autobús para volver a su Herrerra del Duque querido.
Pero los jueves el aparejador y el arquitecto revisaban la obra, y al ver los errores de albañilería ponían verde a José Luis. Había días en los que le detallaban el mal del que se iba a morir.
Le pregunté una vez cómo lograba permanecer impasible ante tal devastadora crítica. Su respuesta (con su acento extremeño meridional incluido) fue muy sencilla:
«Mira, shavá, lo único que sé es que mañana me monto en el autobú a la dó, y en cinco horah estaré con mi mujeh y mis hijoh. Lo demá no importa».
Es una lógica que aguanta de maravilla el paso del tiempo. Mañana es festivo y me voy a Boston con Carlos. Hoy aguantaré el shaparrón.

Comentarios ( 1)
El estoicismo debaría ser la filosofía del común de la gente en estos tiempos, y ya ni te cuento en los que vienen, pero lo de tener una vida personal estable y buena, va por épocas o rachas o como se le quiera llamar, hoy estas que te sales y mañana tomando paroxetina.
Por Javier | 3 de Julio 2008 a las 10:45 AM