El primero fue el de John McCain, a eso de las 20.40 horas. Lo que iba a decir se veía bien sobre papel. Pero la retórica del candidato no estuvo acertada anoche, y su telegenia menos. Sonrisas incómodas, excesivas, cuando daba sus martillazos. Era consciente de su amarilla dentada y al mostrar los colmillos inmediatamente los escondía. La mala luz resaltaba su sudor y su cara.
Fue interrumpido por las cadenas porque Barack Obama fue declarado ganador de la contienda demócrata. Casi una hora después le siguió Hillary Clinton. Parecía que se había confundido de discurso y sacó el de la victoria: impenitente, inflexible e independiente. Su apoyo, aunque no haya ganado, se va a vender caro. Sus palabras duras y poco reconciliadoras.
Posteriormente el ganador de la noche estaba de buenas. Aunque tiene sus altibajos, enfocó sus cañones en McCain y resaltando una vitalidad que su futuro contrincante no poseía. Es hijo de la retórica y se nota: «John McCain quiere que vaya a Irak, pero quizá McCain debe ir a las ciudades más afectadas por la crisis económica». Aparte de brutal en todos los sentidos, vestido de elegancia.
A Obama le queda una prueba difícil más. Cómo engatusar a Hillary Clinton sin ofrecerle la vicepresidencia y lograr que le preste su organización. McCain lo tiene difícil: cómo irse hacia el centro rechazando la figura de un presidente impopular que todavía es adorado por la base de su partido. Sospecho que lo último no será tan complicado como parece, al final el país está muy dividido y surgirá el maniqueísmo de siempre. Literalmente, blanco o negro.
Y dicho eso, todo un homenaje a Estados Unidos que el hijo de un estudiante keniano y de una blanca culo inquieto llegue donde ha llegado, con miras al más alto cargo del país. Si alguien hubiera dicho hace cuatro años que un Barack Hussein Obama iba a ser el favorito de las encuestas en junio de 2008, las carcajadas hubieran sido estrepitosas.
Fue interrumpido por las cadenas porque Barack Obama fue declarado ganador de la contienda demócrata. Casi una hora después le siguió Hillary Clinton. Parecía que se había confundido de discurso y sacó el de la victoria: impenitente, inflexible e independiente. Su apoyo, aunque no haya ganado, se va a vender caro. Sus palabras duras y poco reconciliadoras.
Posteriormente el ganador de la noche estaba de buenas. Aunque tiene sus altibajos, enfocó sus cañones en McCain y resaltando una vitalidad que su futuro contrincante no poseía. Es hijo de la retórica y se nota: «John McCain quiere que vaya a Irak, pero quizá McCain debe ir a las ciudades más afectadas por la crisis económica». Aparte de brutal en todos los sentidos, vestido de elegancia.
A Obama le queda una prueba difícil más. Cómo engatusar a Hillary Clinton sin ofrecerle la vicepresidencia y lograr que le preste su organización. McCain lo tiene difícil: cómo irse hacia el centro rechazando la figura de un presidente impopular que todavía es adorado por la base de su partido. Sospecho que lo último no será tan complicado como parece, al final el país está muy dividido y surgirá el maniqueísmo de siempre. Literalmente, blanco o negro.
Y dicho eso, todo un homenaje a Estados Unidos que el hijo de un estudiante keniano y de una blanca culo inquieto llegue donde ha llegado, con miras al más alto cargo del país. Si alguien hubiera dicho hace cuatro años que un Barack Hussein Obama iba a ser el favorito de las encuestas en junio de 2008, las carcajadas hubieran sido estrepitosas.

Comentarios ( 1)
Hilary se pulió más de 20 millones de dólares y necesita que se "los paguen" con lo que no debería ser complicado "negociar"con ella.
Barack defraudará a todo el mundo, especialmente a los que apuestan por él, bobaliconamente, Será más reaccionario de lo que aparenta y más conservador de lo que quieren algunos de sus votantes. Es el sindrome de los "que se cuelan "
Por javier | 4 de Junio 2008 a las 12:29 PM