Hace dos meses me dieron las llaves de mi oficina personal. A diferencia que casi el resto de la redacción, mira al norte y está pegada a la biblioteca y archivos, o sea, la zona más silenciosa del diario.Aparte, está lejos del resto del equipo de la web y fuera de las rutas convencionales. Irónicamente no la utilizo casi nada, hay días que para dejar mi mochila y luego para volverla a recoger.
Salvo cuando tengo que reunirme con alguien por un tema sensible o hacer una llamada en condiciones confidenciales, ni la piso. He encendido su ordenador unas tres veces.
En mi antiguo lugar de trabajo algunos se sorprendieron al oír que apenas la usara. Después de todo, una oficina puede ser indicador de muchas cosas. Pero aunque quisiera, no puedo. La única forma de estar al tanto de las cosas es pisando la redacción y comunicándome con el resto del equipo.
Claro, eso explica el orden (o por lo menos la ausencia de desorden) que se puede apreciar en la foto.

Comentarios ( 2)
A veces los cargos son un regalo envenenado, porque el acenso implica no solo más salario sino más responsabilidad y por tanto más riesgo de perderlo todo. En cualquier caso aunque te "enrolles" con el personal todo el mundo sabe que eres el jefe, de momento..
Por Javier | 21 de Junio 2008 a las 02:03 PM
? y?....
Por xio | 22 de Junio 2008 a las 01:47 PM