Lista A: Margaret Thatcher, Golda Meir, Ángela Merkel, Yulia Tymoshenko, Mary McAleese, Michele Bachelet, Helen Clark, Eugenia Charles, Tarja Halonen. Lidia Gueiler Tejada. Todas ellas alcanzaron el poder (y algunas aún lo ostentan) por su cuenta y riesgo.
Lista B: Violeta Chamorro, Mireya Moscoso, Corazón Aquino, Isabelita Martínez de Perón, Cristina Fernández de Kirchner. Todas fueron elevadas gracias a su difunto (salvo en el caso de la última) esposo.
Presencié de cerca el comportamiento de doña Violeta en la Cumbre Hemisférica de 1994, y puedo afirmar que no habría llegado muy lejos en círculos diplomáticos si no hubiera sido que era viuda del periodista Joaquín Chamorro.
Si el feminismo es como yo lo entiendo, o sea, que la mujer supera los atavismos del pasado y se independiza para lograr su cometido, las mujeres de la lista A deben ser consideradas como la mejor representación del feminismo. Obsérvese que pertenecen a todos los colores políticos e ideológicos.
Las de la lista B son mujeres, sin duda alguna, ¿pero son las mejores muestras del feminismo? Yo digo que no. Llegaron al poder casi por instinto sucesorio y aunque algunas tienen sus méritos, podemos afirmar que no habrían ido muy lejos en la política si no se hubieran casado con quienes se casaron.
Entiendo la teoría marxista del poder, que hay que alcanzarlo como uno (o una pueda) y que los fines justifican los medios. Pero para mí tienen más mérito las primeras que las últimas.
Hace casi cuarenta años, Felipe de Grecia, duque de Edimburgo y marido de Isabel II de Inglaterra, fue de visita a Brasilia. En una recepción oficial le preguntó a un almirante brasileño que si las medallas que ostentaba las había obtenido gracias a las victorias navales en los lagos que rodean la ciudad. El muy agraviado almirante respondió que por lo menos no se las habían dado por casarse con su señora mujer.
La anécdota me recuerda a Hillary Clinton. ¿En qué lista pertenece? Concedo que sus circunstancias son híbridas, pero para mí está más cerca de la B que de la A. En la política de EE.UU. hay mejores casos de mujeres que se labraron su nombre por su cuenta: Condoleezza Rice encabeza esa lista seguida por Nancy Pelosi.
Podemos enfocarnos en la vida de Clinton como senadora y basar su campaña en eso. Pero Clinton no lo hizo, dio a entender que parte vital de su experiencia fue como primera dama. Es por lo tanto muy debatible que la trayectoria de Clinton represente el máximo exponente del feminismo. Lo que no lo es es que Clinton sea mujer, y entiendo la decepción de muchas.
Pero la reacción de Erica Jong, que no representa a pocas, es ya excesiva:
Entiendo la frustración, aunque no la hipérbole. Clinton empezó la campaña como la candidata inevitable sin darse cuenta que Barack Obama se aprovecharía de cierta desconfianza hacia ella y de una organización electoral insuperable. Tiene mérito que Clinton cambiara de táctica para acercarse a la victoria, elevando un populismo inusitado en ella.
Sin duda, en años venideros habrá una mujer que dirigirá Estados Unidos de manera oficial (de manera extraoficial lo hizo Edith Galt Wilson) y estoy seguro que, independientemente de su bandera política, todos nos sentiremos orgullosos por completo de su trayectoria.
Lista B: Violeta Chamorro, Mireya Moscoso, Corazón Aquino, Isabelita Martínez de Perón, Cristina Fernández de Kirchner. Todas fueron elevadas gracias a su difunto (salvo en el caso de la última) esposo.
Presencié de cerca el comportamiento de doña Violeta en la Cumbre Hemisférica de 1994, y puedo afirmar que no habría llegado muy lejos en círculos diplomáticos si no hubiera sido que era viuda del periodista Joaquín Chamorro.
Si el feminismo es como yo lo entiendo, o sea, que la mujer supera los atavismos del pasado y se independiza para lograr su cometido, las mujeres de la lista A deben ser consideradas como la mejor representación del feminismo. Obsérvese que pertenecen a todos los colores políticos e ideológicos.
Las de la lista B son mujeres, sin duda alguna, ¿pero son las mejores muestras del feminismo? Yo digo que no. Llegaron al poder casi por instinto sucesorio y aunque algunas tienen sus méritos, podemos afirmar que no habrían ido muy lejos en la política si no se hubieran casado con quienes se casaron.
Entiendo la teoría marxista del poder, que hay que alcanzarlo como uno (o una pueda) y que los fines justifican los medios. Pero para mí tienen más mérito las primeras que las últimas.
Hace casi cuarenta años, Felipe de Grecia, duque de Edimburgo y marido de Isabel II de Inglaterra, fue de visita a Brasilia. En una recepción oficial le preguntó a un almirante brasileño que si las medallas que ostentaba las había obtenido gracias a las victorias navales en los lagos que rodean la ciudad. El muy agraviado almirante respondió que por lo menos no se las habían dado por casarse con su señora mujer.
La anécdota me recuerda a Hillary Clinton. ¿En qué lista pertenece? Concedo que sus circunstancias son híbridas, pero para mí está más cerca de la B que de la A. En la política de EE.UU. hay mejores casos de mujeres que se labraron su nombre por su cuenta: Condoleezza Rice encabeza esa lista seguida por Nancy Pelosi.
Podemos enfocarnos en la vida de Clinton como senadora y basar su campaña en eso. Pero Clinton no lo hizo, dio a entender que parte vital de su experiencia fue como primera dama. Es por lo tanto muy debatible que la trayectoria de Clinton represente el máximo exponente del feminismo. Lo que no lo es es que Clinton sea mujer, y entiendo la decepción de muchas.
Pero la reacción de Erica Jong, que no representa a pocas, es ya excesiva:
No sabía que me sentaría tan mal, ni tan personal...perder mi última oportunidad de ver a una mujer en la Casa Blanca se siente como mierda. Y el regodeo de la prensa me sienta peor. Suena como «te lo dije». Parece como ver a Juana de Arco arder en la hoguera. Se puede oler la carne quemada. Y entonces toda la cantaleta sobre romper la barrera de la raza -algo que todavía no hemos logrado.
Entiendo la frustración, aunque no la hipérbole. Clinton empezó la campaña como la candidata inevitable sin darse cuenta que Barack Obama se aprovecharía de cierta desconfianza hacia ella y de una organización electoral insuperable. Tiene mérito que Clinton cambiara de táctica para acercarse a la victoria, elevando un populismo inusitado en ella.
Sin duda, en años venideros habrá una mujer que dirigirá Estados Unidos de manera oficial (de manera extraoficial lo hizo Edith Galt Wilson) y estoy seguro que, independientemente de su bandera política, todos nos sentiremos orgullosos por completo de su trayectoria.

Comentarios ( 1)
No creo que a Hillary se la pueda clasificar en las listas buenas o malas, cuando no le hemos dado la oportunidad de demostrarlo, tan solo sabemos que ha luchado con ahínco contra OBAK, y que mantuvo una tozudez injustificable para muchos. Para mi, perfectamente justificable, luchaba contra "Chiquilicua-
tre" y siempre "jode" perder contra el tonto.
Por Javier | 11 de Junio 2008 a las 10:26 AM