«Mi país es mejor que el tuyo», o, como se oye mucho por ahí, «mi país es el mejor del mundo». Cuando escucho estas cosas me pongo en guardia. Aunque muchos autores de esas frases no han salido de su país en su vida (sobre todo si son estadounidenses) o han experimentado tal incomodidad al verse en entornos desconocidos que han vuelto pronto a su madriguera, es una conversación que por no general no se debe tener.
Conozco a gente que vive en pueblos dominicanos que opinan eso, porque han probado las mieles (y hieles) de EE.UU. o Europa y han decidido que no son para ellos. Conozco a gente que dice que Nueva York es lo mejor del mundo, o que España (oe), Argentina. Cuba pre-Castro, Venezuela pre-Chávez o _______ (poner aquí su nación del alma) fue el regalo de Dios al mundo.
El problema de estas aseveraciones es que son ciertas. Para cada uno de los afirmantes, pero para nadie más. Puedes contestar, respectivamente, «pero si vives en una chabola sin luz», «pero no has visto el metro y las secciones de Harlem/Bronx que parecen Nüremberg en 1945», «Díselo a los alemanes y franceses que han pagado por la infraestructura y a la burbuja inmobiliaria», «¿será antes del Corralito, no, flaco?» «Sí, salvo la corrupción y marginalidad», etc.
Siempre habrá una respuesta, igual de idónea, para quien no esté de acuerdo. Puedo explicarte por qué mi pueblo con chabolas me parece lo mejor, por qué Nueva York, Madrid o Buenos Aires es la exaltación de lo divino o lo bien que me lo pasé en la La Habana batistiana. Muy posiblemente lo entiendas, pero casi nunca lo compartirás ni emularás.
Quizá porque soy español aplatanado y neoyorquinizado, y periodista, me hace gracia y me parecen incorrectas las muestras de efusividad de los profesionales de la radio española cuando ven, por primera vez en muchos años, el avance imparable de la selección española de fútbol.
Estoy seguro que para ellos es algo normal y aceptable. Digamos que a ellos les sienta bien hacer esas cosas y que yo nunca las haría. Pongo de muestra un botón en el reproductor de audio abajo.

Comentarios ( 1)
A mi personalmente el futbol me importa un carajo, y si ganan el domingo - ojalá y les deseo toda la suerte del mundo - se van a poner pesadisimos, pero hay algo que se llama objetividad y está claro que en algunos sitios se vive peor que otros, entendiendo por vivir, no solo una oportunidad de trabajo, eso sería sobrevivir, sino la posibilidad de relacionarte con tus vecinos, tener amistades duraderas y un entorno agradable y apacible. Dicha apresurada definición excluye las grandes ciudades sobre todo sino formas parte de su cultura.
Por Javier | 28 de Junio 2008 a las 12:18 PM