A veces que salimos a algún lado, tengo una pequeña disputa con Carlos. Si ve que me llevo la cámara, me dice que no voy a disfrutarlo. Y sabe de sobra que si al igual que a mí le entra la neura de sacar fotos, él no lo va a disfrutar menos.No coincido con él al respecto y aunque sí soy un poco obsesivo con mis fotos, al igual que con mi blogueo, lo hago por otro motivo. Anaïs Nin decía que escribía para por poder vivir las cosas dos veces, al vivirlas y al leeerlas. A mí me pasa lo mismo, a veces me paso horas leyendo lo que escribí hace tres, cuatro (u ocho) años. No es por vanidad, sino para recordar un poco. Generalmente suelo sonreír al hacerlo.
Por eso creo que me afectó en su momento perder las fotos del Gran Cañón. Cierto, las fotos jamás harán justicia a lo vivido, pero son un recuerdo válido. Una especie de referente en la memoria.
Hace ya una década, trepé Harneys Peak en Dakota del Sur. El esfuerzo fue grande, y me maravillé ante mi suerte. En ese momento decidí apuntar la cámara al cielo azul y sacar una foto. La imagen tiene valor para mí, pero no espero que nadie más lo entienda. Y como esas, cientos.
En la foto: El recodo de la herradura del Río Colorado, cerca de Page, Arizoa Esto lo fotografié el viernes, 16, pero perdí mi tarjeta de compactflash. La foto en sí ha sido tomada por Globetrotter, publicada en Flickr y es de uso público.
