Antelope Canyon tiene forma casi única. El agua y sedimento ha formado sus sinuosas paredes y una fisura apenas deja ver el suelo. El lugar es tan especial como mágico y ninguna foto puede hacerle justicia (aunque por intentar que no quede). Es por eso que es parque nacional de la nación Navajo, en cuya reserva está emplazado.
Para entrar hay que abonar una cantidad a la tribu y otra al operador del tour. Vine hace cinco años y me quedé prendido.
Pero esta vez ha sido tan frustrante como maravilloso. En 2003, éramos el único tour, hoy somos cuatro. La experiencia mística se torna a veces asquerosa debido al gentío en sus angostos tramos (que no superan el metro de ancho). En el peor momento me parece la peor combinación de un estrechísimo pasillo del metro y de un cuarto oscuro. No me extraña que a un señor mayor le entre un ataque de ansiedad.
A mí también me entra un ataque de otro tipo. Mientras tomo fotos en la tenue luz, la cámara deja de funcionar. Histérico, cambio la pila, apago, saco la tarjeta de flash. En el apuro, se me cae la tarjeta de flash al suelo de arena. Justo en ese instante pasa un grupo de personas que revuelve la arena un poco más.
Empiezo a buscar la tarjeta, pero sin éxito. Estamos casi a oscuras, es un tramo muy angosto y hay un tráfico continuo de turistas. Después de casi 10 minutos, me rindo. Tenía unas 400 fotos del Gran Cañón y alrededores guardadas.
Para entrar hay que abonar una cantidad a la tribu y otra al operador del tour. Vine hace cinco años y me quedé prendido.
Pero esta vez ha sido tan frustrante como maravilloso. En 2003, éramos el único tour, hoy somos cuatro. La experiencia mística se torna a veces asquerosa debido al gentío en sus angostos tramos (que no superan el metro de ancho). En el peor momento me parece la peor combinación de un estrechísimo pasillo del metro y de un cuarto oscuro. No me extraña que a un señor mayor le entre un ataque de ansiedad.
A mí también me entra un ataque de otro tipo. Mientras tomo fotos en la tenue luz, la cámara deja de funcionar. Histérico, cambio la pila, apago, saco la tarjeta de flash. En el apuro, se me cae la tarjeta de flash al suelo de arena. Justo en ese instante pasa un grupo de personas que revuelve la arena un poco más.
Empiezo a buscar la tarjeta, pero sin éxito. Estamos casi a oscuras, es un tramo muy angosto y hay un tráfico continuo de turistas. Después de casi 10 minutos, me rindo. Tenía unas 400 fotos del Gran Cañón y alrededores guardadas.

Comentarios ( 2)
Una lastima, pero las adversidades siempre se juntan. En los Eppy Awards no os comisteis una rosca. Lo positivo es que es un estimulo para el futuro
Por javier | 22 de Mayo 2008 a las 09:47 AM
¡QUE MALA PATA!
Por Toupeiro | 23 de Mayo 2008 a las 10:58 AM