El Departamento de Transporte revela que el 70 por ciento de los vuelos que se han originado en EE.UU. llegaron a tiempo a su destino. La cifra, sin embargo, es hueca.
Existe un truco cada vez más aparente, y pondré un ejemplo personal.
El 14 de junio, volaré a Miami desde el aeropuerto Kennedy de Nueva York. Conocido popularmente como JFK, es unos de los más congestionados de EE.UU.
La aerolínea dice que el vuelo saldrá a las 8:40 a.m. y llegará a las 11:50 de esa misma mañana. O sea, tres horas y diez minutos.
El caso es que entre el despegue y aterrizaje, el plazo transcurrido es un poquito más de dos horas y media. A eso hay que sumarle un cuarto de hora entre puerta de embarques, y tenemos una mentira como un pino: el viaje dura 25 minutos menos.
Qué alegría, podría pensar, llegaré antes de lo previsto. Pero sencillamente no es así. American Airlines sabe perfectamente que por mucho que lo intente, el vuelo no va a salir a las 8:40 ni de broma. Quizá logre despegar a las 9 con un poco de suerte.
Pero si no hay suerte, el vuelo despegará a las 9:20, y aunque salga teóricamente con 40 minutos de retraso, llegará a Miami a tiempo: a las 12 en punto. Las autoridades federales no consideran un vuelo con retraso hasta que rebasa el cuarto de hora de demora.
El que se fastidia aquí es el viajero, que llegará a tiempo al aeropuerto y se tendrá que pasar casi una hora de más en la aeronave antes de que despegue. Y el gobierno se lava las manos al permitir a las aerolíneas las prácticas deshonestas de exagerar el tiempo de vuelo.
Existe un truco cada vez más aparente, y pondré un ejemplo personal.
El 14 de junio, volaré a Miami desde el aeropuerto Kennedy de Nueva York. Conocido popularmente como JFK, es unos de los más congestionados de EE.UU.
La aerolínea dice que el vuelo saldrá a las 8:40 a.m. y llegará a las 11:50 de esa misma mañana. O sea, tres horas y diez minutos.
El caso es que entre el despegue y aterrizaje, el plazo transcurrido es un poquito más de dos horas y media. A eso hay que sumarle un cuarto de hora entre puerta de embarques, y tenemos una mentira como un pino: el viaje dura 25 minutos menos.
Qué alegría, podría pensar, llegaré antes de lo previsto. Pero sencillamente no es así. American Airlines sabe perfectamente que por mucho que lo intente, el vuelo no va a salir a las 8:40 ni de broma. Quizá logre despegar a las 9 con un poco de suerte.
Pero si no hay suerte, el vuelo despegará a las 9:20, y aunque salga teóricamente con 40 minutos de retraso, llegará a Miami a tiempo: a las 12 en punto. Las autoridades federales no consideran un vuelo con retraso hasta que rebasa el cuarto de hora de demora.
El que se fastidia aquí es el viajero, que llegará a tiempo al aeropuerto y se tendrá que pasar casi una hora de más en la aeronave antes de que despegue. Y el gobierno se lava las manos al permitir a las aerolíneas las prácticas deshonestas de exagerar el tiempo de vuelo.

Comentarios ( 1)
Por aquí lo único que le hace la competencia seria al avión son las líneas ferroviarias de alta velocidad. Madrid Sevilla, Málaga y ahora Barcelona. Son puntuales y en 2 horas o 2, 30 horas llegas a esas ciudades. El problema del avión es que como medio de trasporte colectivo es "más lento" de lo que parece y siempre engorroso, pero te olvidas de los VUELOS PRIVADOS amigo Iñaki, seguro que esos no tienen demoras y el trato es exquisito, lastima que sean prohibitivos para los "ciudadanos normales" (léase pobres)
Por javier | 24 de Abril 2008 a las 04:22 AM