Sin dar pistas, la foto de la derecha me encanta, porque si a cualquier visitante le preguntan de qué ciudad o país cree que es, casi ninguno diría Manhattan.Soy un poco pesado con los Cloisters, pero el museo me fascina. La familia Rockefeller compró hectáreas enteras tanto en la punta norte de Manhattan como en la ribera del Hudson, y se las donó al gobierno. Dejaron un espacio para que el Museo Metropolitano habilitara su colección gótica en los Cloisters, cuyo nombre se debe a que tiene varios claustros traídos de Europa.
Aparte, las reliquias compradas a iglesias que necesitaban dinero conforman una colección excelente. Que en el siglo XIX y principios del XX las parroquias estuvieran dispuestas a vender sus tesoros al mejor postor es ahora un beneficio para los neoyorquinos.
De todos los que me he topado en Nueva York, muy pocos lo conocen porque está en el extremo norte de Manhattan, y para muchos no hay vida al norte de la calle 59. Pero tanto para el residente como para el turista (la entrada voluntaria para el Metropolitano incluye el acceso a los Cloisters) es bastante aconsejable. Sobre todo para despedirse un poco de la jungla de acero y asfalto y entrar al remanso natural e histórico. En menos nueve meses lo he visitado tres veces, la tercera ayer, aprovechando un asueto.
Desde el centro de Manhattan es fácil, se toma la línea A hasta la 190 y de ahí un corto paseo por Fort Tryon y sus miradores al Hudson, puente de George Washington, el Bronx y Harlem. A la vuelta hay autobús y todo.
Cerca también está Bennett Park, lugar de uno de los peores errores que cometió George Washington durante la Guerra de Independencia, y punto más alto de Manhattan: 91 metros.
Y la vista desde el mismo Hudson tampoco es desdeñable.

Comentarios ( 1)
Como creyente nunca me ha gustado que la iglesia erija sus templos con el dinero de sus fieles y luego los venda por razones de coyuntura, aunque en España existió la DESAMORTIZACIÓN algo mucho peor.
Por javier | 6 de Abril 2008 a las 05:40 AM