No quería comentar sobre algo que ha absorbido muchas horas de mi semana (y que nos ha dado un récord de tráfico a la web de Newsday). Pero la caída de Eliot Spitzer es algo tan espectacular y trágico que no puedo evitar reseñarlo.
Hace años se convirtió en el fiscal general del estado de Nueva York, y desde su tribuna hizo trizas a varios grupitos de estafadores bursátiles, y por ello llegó a adquirir el apodo del Sheriff de Wall Street.
Su fulgurante estrella le llevo hasta la gobernación de Nueva York en 2006, obteniendo casi el 70 por ciento del voto. Lo que muchos no sabían es que detrás del tesón del fiscal-monje estaba un hijo de papá caprichoso y cabezón (en todo el sentido de la palabra).
Su pecado no fue irse de putas, sino hacerlo de una manera tan torpe e ilegal. Que cometa pecadillos quizá hubiera valido, pero para hacer un ingreso a cuenta de la agencia puteril utilizó las mañas del lavado de dinero pero de una manera torpe. Cuando se dio cuenta de su error, pidió al banco que cancelara los envíos de dinero.
El banco no sólo se negó (ya los había enviado, de hecho) sino que dio parte al fisco. Cuando se encontró con la ya célebre Kristen (que también resultó ser una hija de papá) por enésima vez en un hotel, el FBI estuvo a punto de detenerlos.
Quizá porque todos sabemos que la carne (del hombre) es débil, la pregunta de la semana gravitó alrededor de por qué la mujer de Spitzer aguantó todo estoicamente a su lado. Muchas mujeres se indignaron, los hombres llegaron a conclusiones a veces ridículas: está acostumbrada a es tren de vida. Como si con un divorcio no le pudiera sacar hasta el riñón izquierdo.
Nadie se ha preguntado por qué desató su libido de esa manera tan desaconsejable y torpe. Yo, como hombre, tampoco me lo pregunto.
Hace años se convirtió en el fiscal general del estado de Nueva York, y desde su tribuna hizo trizas a varios grupitos de estafadores bursátiles, y por ello llegó a adquirir el apodo del Sheriff de Wall Street.
Su fulgurante estrella le llevo hasta la gobernación de Nueva York en 2006, obteniendo casi el 70 por ciento del voto. Lo que muchos no sabían es que detrás del tesón del fiscal-monje estaba un hijo de papá caprichoso y cabezón (en todo el sentido de la palabra).
Su pecado no fue irse de putas, sino hacerlo de una manera tan torpe e ilegal. Que cometa pecadillos quizá hubiera valido, pero para hacer un ingreso a cuenta de la agencia puteril utilizó las mañas del lavado de dinero pero de una manera torpe. Cuando se dio cuenta de su error, pidió al banco que cancelara los envíos de dinero.
El banco no sólo se negó (ya los había enviado, de hecho) sino que dio parte al fisco. Cuando se encontró con la ya célebre Kristen (que también resultó ser una hija de papá) por enésima vez en un hotel, el FBI estuvo a punto de detenerlos.
Quizá porque todos sabemos que la carne (del hombre) es débil, la pregunta de la semana gravitó alrededor de por qué la mujer de Spitzer aguantó todo estoicamente a su lado. Muchas mujeres se indignaron, los hombres llegaron a conclusiones a veces ridículas: está acostumbrada a es tren de vida. Como si con un divorcio no le pudiera sacar hasta el riñón izquierdo.
Nadie se ha preguntado por qué desató su libido de esa manera tan desaconsejable y torpe. Yo, como hombre, tampoco me lo pregunto.

Comentarios ( 1)
En tu interesante crónica te olvidas de mencionar que Eliot pertenece / pertenecía al partido demócrata.
Por lo demás en USA se le da demasiada importancia a los pecados del sexo, pura hipocresía. Yo voy a romper una lanza por el ángel caído ELLIOT, y no porque me solidarice con él, sino porque además lo han estafado. La puta no valía ni de lejos los 1000 dólares que pagaba por sesión, por estos lares no pasaría de 100 o 150 euros - no saquéis conclusiones malintencionadas, no vais a acertar - Lo dicho y nauseabundamente repetido, en USA, hasta tienes que ser rico para aliviarte con una zorrilla. Que duro.
Por javier | 16 de Marzo 2008 a las 11:59 AM