Hace dos años y medio decidimos compartir nuestras vidas. Trabajo nos ha costado, y después de bastantes obstáculos llevamos casi dos años conviviendo como pareja estable.
Se cierne sobre nosotros una lenta tenaza de un proceso inmigratorio que bien podría, tras años de apelaciones, ponerle de patitas al otro lado de la frontera. Lucharemos, como lo hemos hecho hasta ahora, para que no suceda.
Aunque lo haría por muchos motivos, razón de sobra sería proponerle matrimonio para ver cómo se aleja la preocupación de su rostro. Pero no puedo, porque el gobierno dice que mi tipo de pareja es inferior.
El matrimonio es para personas de sexo opuesto, como la misma palabra indica, me cuentan. Pero, señores, no hay alternativa. Si hubiera un proceso o ceremonia (llamémosla boda o unción del supercalifragilísticoespialidoso, me da igual) que permitiera que se quedara conmigo aquí, me acogería a ella con mucho gusto. Pero no existe. Quizá, me cuenta el letrado, si eligen de presidente a un candidato demócrata, se aprobará algún proyecto de ley.
No deseo usurpar un derecho que siempre me ha parecido anticuado. Sencillamente quiero que se quede conmigo legalmente. Como los que me niegan el matrimonio con él no me dan nada a cambio, salvo un par de versículos y el ungüento de la esperanza, debo enfrentarme a ellos y al personalizar nuestra lucha, intentar convencer de que al menos se nos dé una migaja, ya se llame unión civil o supercalifragilísticoespialidoso.
Lo demás, como dicen los cubanos, es pinga y cepillo.
Siento la seriedad, ha pasado sin pena ni gloria la Semana de la Libertad del Matrimonio y quería reflejar algo.
Se cierne sobre nosotros una lenta tenaza de un proceso inmigratorio que bien podría, tras años de apelaciones, ponerle de patitas al otro lado de la frontera. Lucharemos, como lo hemos hecho hasta ahora, para que no suceda.
Aunque lo haría por muchos motivos, razón de sobra sería proponerle matrimonio para ver cómo se aleja la preocupación de su rostro. Pero no puedo, porque el gobierno dice que mi tipo de pareja es inferior.
El matrimonio es para personas de sexo opuesto, como la misma palabra indica, me cuentan. Pero, señores, no hay alternativa. Si hubiera un proceso o ceremonia (llamémosla boda o unción del supercalifragilísticoespialidoso, me da igual) que permitiera que se quedara conmigo aquí, me acogería a ella con mucho gusto. Pero no existe. Quizá, me cuenta el letrado, si eligen de presidente a un candidato demócrata, se aprobará algún proyecto de ley.
No deseo usurpar un derecho que siempre me ha parecido anticuado. Sencillamente quiero que se quede conmigo legalmente. Como los que me niegan el matrimonio con él no me dan nada a cambio, salvo un par de versículos y el ungüento de la esperanza, debo enfrentarme a ellos y al personalizar nuestra lucha, intentar convencer de que al menos se nos dé una migaja, ya se llame unión civil o supercalifragilísticoespialidoso.
Lo demás, como dicen los cubanos, es pinga y cepillo.
Siento la seriedad, ha pasado sin pena ni gloria la Semana de la Libertad del Matrimonio y quería reflejar algo.

Comentarios ( 1)
Tu historia da para un culebrón, pero con lo importante que es el lobby gay no entiendo como no tienes resuelto el problema o buscas otras alternativas, trabajo, becas de estudio etc. matrimonio de tu pareja con una chica etc...para conseguir los "papeles"
Por javier | 19 de Febrero 2008 a las 11:17 AM